Lenguaje no sexista: más allá de “las y los”

Por Guadalupe López García


El género gramatical (en el español) sí tiene relación con el género sociocultural (más allá de los sexos biológicos), pues utilizar el masculino genérico en el español no fue una decisión arbitraria.


Por más que argumentamos y explicamos y justificamos y tratamos de convencer, no hay posibilidad de que se acepte o, al menos, se reconozca la importancia del lenguaje no sexista para erradicar la discriminación, la desigualdad y la violencia contra las mujeres. Simplemente: es una payasada, una jalada, pura demagogia, un absurdo, un extremo, una tortura.

No lo dice la gente “común” y “corriente”; son expresiones de escritores, lingüistas, periodistas y toda persona que se relaciona con la escritura de manera cotidiana. De los principales argumentos de este sector en contra, está que no se puede forzar a la lengua; debe ser un cambio natural, como lo estipula la Real Academia Española (RAE) en el famoso documento Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, de Ignacio Bosque, del 2012[1]. La Academia Mexicana de la Lengua (AML) tiene la misma postura[2].

La lingüista Concepción Company, directora adjunta de la AML, única mujer de su mesa directiva, e integrante del Colegio Nacional, insiste en que el lenguaje no sexista es muy peligroso y una “cortina de humo” que oculta el verdadero machismo de la sociedad mexicana. El sexismo no está en la lengua sino en quien la utiliza (discurso del hablante) y en quien la escucha (interpretación del receptor del mensaje), deduce el español Álvaro García Meseguer[3].

De esta forma, se ve la lengua como una fórmula matemática exacta, neutral. De hecho, la neutralidad se utiliza como una etiqueta de la igualdad. Es la misma defensa que hacen, ante la demanda de políticas públicas con perspectiva de género, enfoque que se considera excluyente y discriminatorio para los hombres. El masculino genérico incluye a las mujeres y los programas de gobierno son para todos (y todas), dicen.

Del lado contrario, se reclama que lo que no se nombra no existe; la lengua es sexista, patriarcal y androcéntrica. En los análisis feministas, el tema ha estado a discusión desde décadas atrás. Empezó a tomar fuerza a partir de la Cuarta Conferencia Mundial de la Mujer (Beijing, China, 1995). Las españolas fueron de las primeras en elaborar guías pare el lenguaje no sexista (descalificadas en el documento de Bosque).

En México, la iniciativa quedó integrada en la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres (LGIMH) y como parte de la cultura institucional de la administración pública, por lo que se editaron diversas guías tanto por las instituciones como por organizaciones no gubernamentales.

La mayoría de las propuestas buscan evitar el masculino genérico, desde la gramática. Es por eso que sus críticas se centran en los desdoblamientos (las y los, todas y todos), conocidos también como lenguaje políticamente correcto, en los distintos símbolos utilizados (@, /) y en la sustitución por otros léxicos que no tienen definición (les) o no se pueden pronunciar: todxs. En algunos casos se quebrantan las normas gramaticales, las cuales han cambiado a lo largo del tiempo, y en otras se utilizan los distintos recursos del español.

El desprecio por esas ideas se ha incrementado en las redes virtuales. Es una especie de mansplaining que desautoriza las explicaciones de las mujeres, igual que en muchos otros casos.

El desprecio por esas ideas se ha incrementado en las redes virtuales. Es una especie de mansplaining que desautoriza las explicaciones de las mujeres, igual que en muchos otros casos. De todos modos, no hay fórmulas fijas y, como lo expresé en el conversatorio virtual “Textos libres de sexismo”[4], en el que participó Danae Silva, La Corregidora: todo lo que expongamos siempre va a ser considerado una aberración.

Del tema ya me he ocupado en este espacio desde hace tiempo y en los talleres que imparto a servidoras y servidores públicos. Las posturas en favor y en contra no han variado mucho, pero hay escenarios distintos: tenemos paridad de género, sin lograr la paridad léxica ni lingüística, como lo supuse hace tiempo[5]. Si bien, tenemos más garantía para el ejercicio de derechos, estos cambios no se dieron de natural. Fue necesario forzarlos; principalmente, con leyes o las denominadas acciones afirmativas.

En marzo pasado, a través de la Asociación Mexicana de Profesionales de la Edición (PEAC), con su Academia de las Artes de la Escritura, impartí el curso denominado “Redacción con perspectiva de género. Sin entrar en polémica”. Su presidenta Ana Lilia Arias, me invitó. Fue un reto, porque creo que, por primera vez, una organización que promueve la profesionalización de quienes trabajamos la corrección de estilo y –por lo tanto–el uso adecuado del español y su gramática (enemiga natural del lenguaje no sexista), se interesa en el tema.

En una sesión trabajé con las participantes una posible definición de aquello que tiene diferentes nombres: lenguaje no sexista, lenguaje incluyente, lenguaje inclusivo, lenguaje no discriminatorio, lenguaje igualitario, lenguaje positivo, comunicación incluyente, lenguaje inclusivo en cuanto al género (retomado por la Organización de las Naciones Unidas, ONU), lenguaje con perspectiva de género (de la LGIMH), lenguaje de género (por la AML).

A partir de ahí, he tratado de organizar las ideas: es una acción afirmativa de carácter correctivo, compensatorio y de promoción, encaminada a eliminar el sexismo lingüístico y sexismo social en la redacción de textos y a corregir situaciones de discriminación en el lenguaje oral, escrito o visual. Es una propuesta política feminista que pretende trascender el uso del masculino genérico como norma para la comunicación humana, utilizando las múltiples posibilidades del lenguaje.

Una de mis premisas es que el género gramatical (en el español) sí tiene relación con el género sociocultural (más allá de los sexos biológicos), pues utilizar el masculino genérico en el español no fue una decisión arbitraria. Amnistía Internacional reseñó que en 1647 el gramático Claude Favre de Vaugelas justificaba que “La forma masculina tiene prioridad sobre la femenina porque es más noble”. Otro gramático, John Kirkby, formuló en 1746 sus 88 reglas gramaticales. La 21 establecía que el género masculino era más universal que el femenino[6].

Es una propuesta política feminista que pretende trascender el uso del masculino genérico como norma para la comunicación humana, utilizando las múltiples posibilidades del lenguaje.

Esos referentes históricos –escasos y vagos– dan indicios de que el género marcado (así se le dice al género gramatical femenino) tiene menos valor que el masculino, como en el caso de las profesiones y oficios en los que se utilizó solo el masculino, con el pretexto de que no había mujeres que ejercieran, por ejemplo, la medicina, ámbito educativo y científico del cual fueron excluidas por su sexo.

Sin embargo, siglo XXI, todavía se opta por el masculino. Beatriz Gutiérrez Muller, esposa del presidente Andrés Manual López Obrador, quien, ante una crítica por no atender a madres y padres de hijas/os con cáncer, respondió en un tuit: “No soy médico”.[7] De hecho, la polémica no se centró en el masculino utilizado sino en la actitud de quien se deslinda del papel de primera dama, aunque por otro lado haya asumido la representación presidencial en un viaje reciente a Europa.

El 23 de octubre, en su conferencia mañanera (la cual utiliza para todo), el presidente conmemoró el “Día de las médicas, los médicos”. Así lo dijo él, incluyendo a “enfermeros y enfermeras”, y así estaba en el displayer utilizado. No obstante, en el decreto que firmó, el cual oficializa ese día en México, solo dice: «Día del Médico».[8]

Quizá se le olvidó el Acuerdo por el que se emite el Código de Ética de las personas servidoras públicas del Gobierno Federal, publicado también en el Diario Oficial de la Federación, el 5 de febrero de 2019, en el que establece que “Las personas servidoras públicas emplearán lenguaje incluyente en todas sus comunicaciones institucionales con la finalidad de visibilizar a ambos sexos, eliminar el lenguaje discriminatorio basado en cualquier estereotipo de género, y fomentar una cultura igualitaria e incluyente” (artículo 15).

Ante tanto embrollo causado por el masculino genérico y el lenguaje no sexista, en esa ceremonia oficial, el presidente nos regaló una muestra de cómo con el lenguaje se marca una jerarquía social: “[…] se garantizó que ningún infectado, ningún enfermo de COVID, se quedara sin ser atendido, sin tener una cama, sin tener un médico o una enfermera”. ¿Qué habría pasado si en su discurso hubiera dicho: “una médica o un enfermero”?

A propósito, el 27 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Corrección de Estilo, una de las actividades a la que me dedico. En otros países se le llama día del Corrector de Estilo, pero Ana Lilia Arias sugirió el primer nombre. Ya les había comentado que hay más mujeres que hombres en esa profesión.

En estos tiempos de aciago y desesperanza, PEAC y esta redactora programaron en noviembre un nuevo curso, con la participación –nuevamente– de La Corregidora, una excelente correctora de textos periodísticos, a través de sus diseños gráficos. Se quedó como taller para disminuir su costo. Hay mucho interés, pero ante tantas actividades gratuitas, es muy difícil poder integrar un grupo amplio y superar la polémica.

Notas:

[1] Disponible en: https://www.rae.es/sites/default/files/Sexismo_linguistico_y_visibilidad_de_la_mujer_0.pdf

[2] Observaciones de la Academia Mexicana de la Lengua sobre “el sexismo en el lenguaje”. Disponible en: http://www.academia.org.mx/noticias/item/observaciones-de-la-academia-mexicana-de-la-lengua-sobre-el-sexismo-en-el-lenguaje

[3] García Meseguer, A. (2001). ¿Es sexista la lengua española? Panace@, Vol. 2, Núm. 3, marzo, pp.20-34. Disponible en: https://www.tremedica.org/wp-content/uploads/n3_GarciaMeseguer.pdf

[4] Video disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=VSD-oGyg47o

[5] La “a” incómoda. Disponible en: https://mujeresnet.info/2010/06/la-a-incomoda.html

[6] Amnistía Internacional (1998). ¿Qué hay detrás de una palabra? Disponible en: http://www.derechoshumanos.unlp.edu.ar/assets/files/documentos/que-hay-detras-de-una-palabra.pdf

[7] “’No soy médico’: causa polémica tuit de Gutiérrez Müller”. Disponible en: https://aristeguinoticias.com/0107/mexico/no-soy-medico-causa-polemica-tuit-de-gutierrez-muller/

[8] https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5603435&fecha=23/10/2020

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