
Tras sus huellas

Por María Esther Espinosa Calderón
Periodista, ha colaborado en diversos medios, entre ellos el Uno más Uno, Mira, El Universal, Etcétera, 'Triple Jornada' del periódico La Jornada, y en la revista Fem.
Dice Celia Amorós que las mujeres en la historia son como una especie de muro de arena: entran y salen al espacio público sin dejar rastro, borradas las huellas. [1] Sin embargo, las huellas de Laura Méndez de Cuenca, ahí están, con sus ensayos, con sus escritos, con sus poemas, con su forma de vida que retratan a una mujer culta, valiente y moderna, en un mundo conservador, cerrado y de doble moral como fue la época que le tocó vivir (1853-1928).
La historiadora Mílada Bazant se dio a la tarea de seguir sus huellas; investigar la vida un tanto olvidada de una mujer que se adelantó a su tiempo. ''Laura aparece tal y como se asomó a mi vida, primero como aliento, luego como ráfaga de viento sutil, para más tarde revelarse como espíritu indómito y trepidante en la historia de la cultura y las letras mexicanas''.
La huella de Laura, Mílada Bazant la recoge en el libro Laura Méndez de Cuenca mujer indómita y moderna (1823-1928 ) y muestra una historia de amor, historia de una maestra, de una feminista, de una mujer que rompió un orden para construirse un lugar en la sociedad decimonónica. La historiadora se enamoró del personaje al descubrir algunos de sus escritos enviados del extranjero, de Estados Unidos, de Europa, a donde Laura fue a estudiar los sistemas educativos, enviada por Porfirio Díaz. Trabajos elaborados en un castellano correcto; era poseedora de grandes conocimientos pedagógicos.
Laura Méndez de Cuenca es una mujer singular como singular fue su vida, su trayectoria no estaba contemplada ''más que como un racimo de testimonios aislados que había que rescatar de la inmensidad histórica sobre todo, en un país que se ocupa poco de los estudios exhaustivos de sus mujeres notables''. Asegura Mílada Bazant.
Laura Méndez de Cuenca es una mujer que escribe poesía, que tiene ideas adelantadas a su tiempo, que trata con señores que dominan las tertulias intelectuales del momento, Rivapalacio, Guillermo Prieto, Vasconcelos, Juan de Dios Peza, Manuel Acuña, de quien se enamoró perdidamente y con quién tuvo un hijo que murió a los tres meses de nacido y a las ocho semanas del suicidio del poeta.
''Cuál de esas dos muertes devastó más a Laura es algo que jamás sabremos; sus lágrimas de amor profundo se confundieron con la inmensidad del llanto más agudo para una mujer: la muerte de un hijo''.[2]
Las ideas en ese mundo literario, intelectual, de noches de tertulia, son importantes, en ese espacio se da el vínculo con Acuña, quien a pesar de su relación con Laura, se enamora de Rosario de la Peña. En ese mundo las ideas son acción y Laura rompe con el modo de vida de las señoritas de ese tiempo para emprender su propia vida alejada de los bordados, de la cocina, de las labores propias de su sexo, para dedicarse a las letras primero y después a la enseñanza. Laura se va a vivir con el poeta Agustín F. Cuenca, con quien tiempo después tiene siete hijos, de los cuales sólo le sobreviven dos con un destino no menos trágico: Alicia, recluida en un psiquiátrico y Horacio que muere en 1902 de tifo.
'' la pareja de poetas vivía con el estigma del amasiato y con la condena social permanente. Los padres de Agustín no quería verlo casado con Laura 'por casquivana', y por ser el polo opuesto del prototipo ideal de la mujer de su tiempo () Entre las eternas discusiones con Agustín y la muerte de su hijo, Laura cayó en tal silencio sideral, en tal espasmo de dolor que su existencia pareció fundirse en la inexorable sombra del vacío. Se refugió en la escritura y escribió una de sus poesías más desgarradoras, Bañada en Lágrimas:
A mi hijo muerto
Si hay una pena igual a la que siente
La madre cuando busca al hijo ausente,
¡pero ausente, con una ausencia así!
si hay un dolor terrible, agudo, eterno,
que cambia la existencia en un infierno
¡ese fue entonces, el que yo sufrí!
Aún recuerdo la aurora de aquel día
en que la luz de la esperanza mía
se enlutó con las sombras del pesar;
cintilaban las últimas estrellas,
tú, desmayado y pálido como ellas,
te morías mirándome llorar.
En la noche sin fin en que vegeto
mi existencia no tiene más objeto
que tu dulce recuerdo bendecir;
mi dicha en tu sepulcro se derrumba,
mi hogar se ha convertido en una tumba
¿Qué puedo esperar ya del porvenir? [3]
Laura es una mujer que vive su libertad, una madre soltera, a pesar de que la sociedad se la comió viva, la señalaba en las calles, no la dejó vivir. Es una mujer aguerrida, valiente, que enfrenta los retos, no los evade, toma decisiones, su motor siempre fue el conocimiento. La compararon con Sor Juana, por su talento en las letras, por su obsesión por el conocimiento.
La autora de la obra titula el primer capítulo como El nacimiento de una artista y de una nación , porque Laura nace en el momento en que México empieza a vivir el proceso de modernización. Cuando Benito Juárez decreta la Leyes de Reforma; cuando en materia educativa, por primera vez las mujeres tienen derecho a la misma educación que los hombres, primaria, secundaria, artes y oficios, la preparatoria y la profesional; Laura es una de las primeras mujeres que se enamora de este medio de excelencia cultural y educativa.
Una época en la que hay efervescencia, están los grandes tesoros de las letras nacionales, Altamirano, Guillermo Prieto, quien por cierto, fue pretendiente de Laura, ella está fascinada con los poetas, con los hombres cultos. Es de las primeras mujeres que se inserta en ese mundo.
Feminista, amiga y colaboradora de Laureana Wright de Kleinhans, fundadora del periódico Las violetas de Anahúac ; trabajó en El Imparcial , primer periódico moderno de México. Se desempeñó también, como escritora, maestra y traductora. Laura es un todo, tiene un perfil fascinante, es una feminista de hueso colorado, funda con otras mujeres una publicación que se llama La mujer mexicana , donde se exhorta a las mujeres a estudiar y trabajar, se puede decir que es un incipiente movimiento feminista en México, aprende varios idiomas, traduce poesía, es pedagoga, escribe textos, uno de ellos muy importante que se llama el Hogar Mexicano , sobre los exámenes, antes de 1920, eran orales y generalmente una vez al año; explica que al ser escritos, el alumno puede pensar más adecuadamente. Es diplomática, es enviada por el gobierno a representar a México en varios congresos de educación. Mílada Bazant, señala que una de las grandes virtudes de Porfirio Díaz, era reconocer el talento de la gente y reconoce el de Laura y la apoya.
Desde el inicio de la Independencia hay varios periódicos de señoras, pero siempre eran de poesía. Era muy raro que una mujer estudiara, era común que tuvieran una educación de tocador, en la que aprendieran a tocar el piano, a bordar, a cocer, que se quedaran a ser buenas madres y esposa, al servicio del marido. Esa reforma de Benito Juárez vienes a revolucionar la educación y permite que las mujeres se involucren con estudios fuera del hogar, sin embargo, una cosa es la ley y otra la práctica. Toma muchos años para que las mujeres empiecen a estudiar una carrera técnica o una carrera universitaria, pero Laura desde luego, no es la única, habría muchísimas biografías que hacer, de mujeres singulares que marcaron el cambio con su ejemplo, afirma Mílada Bazant.
De acuerdo con un artículo publicado en El Mundo el 12 de junio de 1902, Laura, ''viuda y pobre'' fue de la pocas mujeres en México, ''si no es que la única'' que vivió de su escritura. [4]
A Laura le dicen cosas terribles, como poetisa mascula (orquídea macho), le dicen también ''virago desaforada'', la tachan de macho, una mujer que se atreve a salir del hogar, a trabajar, a estudiar es una mujer macho, ese insulto, no le importa se enfrenta a la sociedad de su tiempo con mucha fuerza, sufre mucho y durante los años de la revolución como muchos mexicanos tuvo una vida cotidiana muy difícil y de carencias.
Sus huellas ahí están y Mílada Bazant va tras ellas y las rescata del olvido, para dar a conocer su talante y su talento y su ''vigoroso ímpetu para abrir camino en el campo del feminismo en México. Pocos saben que Laura formó parte de la pléyade de literatos que recitaban, bajo la sombra de los naranjos en el Claustro de Sor Juana''.
Pese a que conoció a personalidades del mundo intelectual y político, como a Justo Sierra, José Vasconcelos, Dr. Atl y a Álvaro Obregón, por sólo mencionar a algunos, no existen documentos, ni fotos, ni cartas sobre ella.
Autora también de Historia de la educación en el Porfiriato, Tradiciones y conflictos , historia de la vida cotidiana de México e Hispanoamérica, entre otros títulos, menciona que en 1910, Adalberto Esteva comparó el talento literario de Laura Méndez de Cuenca con el de Sor Juana Inés de la Cruz.
José Emilio Pacheco ha reconocido que Laura Méndez de Cuenca es la mejor escritora del siglo XIX en nuestro país. Enrique Olavarría y Ferrari descubre en ella a ''una muy estimable poetisa''. Juan de Dios Peza reconoció sus aptitudes al seleccionar uno de sus poemas para La lírica mexicana (1879). José María Vigil añadió cuatro poemas de ella en el volumen Poetisas mexicanas (1893). El acérrimo crítico de la poesía de Juan de Dios Peza, Manuel Puga y Acal, entrevió en Méndez de Cuenca a ''una de las poetas excelentes'' y la incluyó en su antología Lirismos de antaño (1923). Por su parte, Marco Antonio Campos advierte que tanto Laura como Manuel Acuña eran ''los dos poetas jóvenes más dotados de su generación''.
La prosa de Mílada Bazant fluye hábilmente para retratar la divergencia social de esta talentosa mujer y cómo afronta el papel que le toca desempeñar; demuestra que lo suyo es disponer del lenguaje, de una voz que se encuentra y sustenta bajo una mirada crítica. Bazant identifica en Méndez de Cuenca a un espíritu libre, incansable, anticlerical, positivista, liberal, comprometido con sus convicciones.
Mílada Bazant seguirá tras la huella de Laura, su nuevo reto es lograr que se publique su obra completa, ella la recopiló y la dividió en cuatro tomos; incluye la poesía, novela, cuentos, cartas y textos sobre el hogar, sólo falta un editor que la apoye para que ésta se publique, y esté en las manos y los ojos de no pocos lectores para ''que se asombren del legado de una de las mentes más luminosas del siglo XIX''. Señala que si alguien se interesa por conocer algo de su obra, deberá consultar Impresiones de una mujer a solas, Laura Méndez de Cuenca.
Notas:
[1]Celia Amorós, Feminismo, igualdad y diferencia, Colección libros del Pueg, UNAM. pág. 33
[2] Laura Méndez de Cuenca, Mujer indómita y moderna (1853.1928), Colección Mayor, Biblioteca Mexiquence del Bicentenario, Gobierno del Estado de México.
[3] Laura Méndez de Cuenca, op. cit. Pág. 132
[4]Ibídem, pág. 198.
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