No se trata sólo de narcos

Por Antonio González Díaz
Reportero, enviado especial, conductor, redactor, corrector de estilo, coordinador de contenidos, diseñador creativo, asistente de producción y jefe de corresponsales. Especialista en temas de Seguridad, Justicia y Derechos Humanos. Su columna 'En el Punto' se publica en diversos medios de la ciudad de México, Baja California, Coahuila, Durango, Nuevo León, Chihuahua, Tamaulipas, Sonora, San Luis Potosí y Puebla.
El progreso no debe obtenerse corrompiendo a la sociedad. Con esa idea parto cada que estoy frente a una historia del narcotráfico. Cada que intenta salir de la boca de algún crédulo una historia de éxito de "la vida narca" recuerdo mis principios y mis valores que se resumen en el trillado "más vale pobre, pero honrado".
Y es que nunca falta quien afirma que el narcotraficante se hace por la carencia de oportunidades "del maldito gobierno, por lo jodido que está el país" o porque simplemente trabajaron mucho sin obtener nada.
Pero no se trata sólo de eso, se trata de valores, principios y educación. Conozco mucha gente que sale diario a trabajar, antes de que aparezca el sol y regresa ya cuando todos estamos dormidos Sé de muchos que no tienen oportunidades de desarrollo, conozco a más de uno que trabaja mucho sin obtener suficiente pero siguen ahí, luchando contra su destino y no dejándose sucumbir por el narcotráfico.
Y cuando escucho una historia de "éxito de la vida narca" no dejo de pensar en los supuestos grandes capos vueltos una piltrafa en el rincón de una celda, sin un sesgo de dinero y poder, sin amigos, sin mujeres sin nada.
"Pido disculpas a mi país, México, a Estados Unidos, a mi esposa, especialmente a mis hijos, por todos los errores que he cometido [] Este tiempo que he pasado en la cárcel he reflexionado y me he dado cuenta del mal comportamiento que yo mantenía y, la verdad, estoy arrepentido" Dijo el narcotraficante Osiel Cárdenas Guillén antes de escuchar que la jueza federal de Estados Unidos, Hilda Tagle le dictara 25 años de sentencia.
Antes de leer la condena, la jueza Tagle, quien aceptó la negociación de una baja pena entre Cárdenas Guillén y el Gobierno de Estados Unidos a cambio de delatar a todos sus cómplices en el trasiego de droga, mencionó que para resolverla no dejaba de pensar en un joven contratado por los secuaces de Cárdenas.
Aquél joven, a quien Tagle dictó 10 años de prisión, había aceptado entregar un paquete de marihuana a cambio de internarse ilegalmente a los Estados Unidos de Norteamérica. Fue su primera y última vez.
"Señor Cárdenas, cuando yo dicté sentencia a un hombre con una esposa embarazada de 19 años de edad que, a cambio de ser internado en Estados Unidos de manera ilegal, se comprometió a llevar uno de varios paquetes de marihuana y luego resulta ser el único detenido y, por tanto, responsable de todos los paquetes, creo que la vida [sellado] considero la diferencia en la vida de usted como un líder del cártel cuya familia vive entre lujos" dijo Tagle.
La jueza también refirió que no dejaba de venirse a su mente la detención de otro muchacho quien compró un arma legalmente en Estados Unidos para entregarla a los compinches de Cárdenas Guillén. Dicha acción le costó al muchacho varios años de cárcel.
"Cuando le dicto sentencia a un alumno de 18 años de edad, expulsado de la escuela y acusado de hacer una declaración falsa cuando compró un arma de fuego que sabía que estaba destinada a México, pienso en usted, el líder del cártel, con sus guardaespaldas armados con armas que fueron compradas por esa persona ingenua de 18 años de edad, que luego terminó en la cárcel."
Y siguió, "en mis 26 años como juez, siempre he sido muy consciente de la gravedad de las consecuencias de mi decisión para la parte acusada, para su familia, y para el público, en todos los casos en que tengo que evaluar el castigo. He presidido juicios sobre casos de homicidio capital en los que los acusados han sido encontrados culpables y ejecutados; por otro lado, he sentenciado a personas que, a pesar de que no tienen antecedentes penales y que debido a la desesperación o la ingenuidad, confiando en una oración y en la suerte, traficaron drogas como un pago parcial por haber sido traídos aquí ilegalmente y que hasta la fecha se encuentran en prisión hasta por 10 años"
La jueza recordó cómo las balas de los enfrentamientos entre la Policía y los aliados de Cárdenas Guillén en México, habían dado en algunos estudiantes al otro lado de la frontera, quienes nada tenían que ver en el caso.
"Sus acciones han generado miedo y la violencia en nuestra comunidad. Los niños no están seguros, incluso en sus escuelas, a causa de los tiroteos en las calles. Las balas de un arma de fuego durante una batalla en Matamoros, incluso han terminado en el campus de la Universidad de Texas en Brownsville. Los dueños de negocios sufren porque los turistas temen por su seguridad"
"Usted desempeñaba el modelo del narcotraficante': blandiendo rifles de asalto a personas que no sólo son cada vez más jóvenes, sino que con el paso del tiempo lo hacen en forma más descarada. Su sed de poder es tal, que nunca se apagará. Lo que ocasionan, por su falta de respeto a la ley y la decencia es trágico. Los secuestros, extorsiones, tiroteos en las calles, una economía desesperada, la inocencia perdida, que es su legado a su país, a nuestras comunidades en ambos lados de la frontera, y a la sociedad" refirió la juez, de acuerdo con una transcripción publicada por la revista Contralínea.
Y es que las reflexiones de la jueza son ciertas. No se trata de ver el fenómeno del narcotráfico como una simple operación de compra y venta de droga. Detrás de cada paquete, hay miles de dosis consumidas por millares de personas también.
Detrás de cada dosis se encuentra un consumidor capaz de realizar cualquier cosa por adquirir la droga. Empiezan por gastarse su dinero, por robarse las pertenencias y efectivo de sus familias, luego roban otras casas, efectúan asaltos a mano armada, secuestros, extorsiones, etcétera, etcétera. Todo por la droga.
El narcotráfico genera esa cadena de descomposición social en la que nos encontramos inmersos y vemos muy difícil salir.
Y esa cadena de descomposición no para ahí. Hace algunos días escuchábamos fríamente a nuestras autoridades develar el número de muertos en la guerra contra el narcotráfico: 28 mil.
Pero no se trata de una cifra fría. Son 28 mil personas no muertas, asesinadas ejecutadas. Y detrás de esas 28 mil personas quedan 28 mil familias desintegradas y por lo menos un miembro de ellas, es decir, 28 mil personas ansiosas de vengarse, quedan un hijo, hija, esposa, amigo, hermano, padre o cualquier pariente con ganas de acabar con aquél que mató a su consanguíneo.
¿Qué se está haciendo por esas 28 mil familias desintegradas y la sociedad que descomponen?
No se trata entonces de una lucha, guerra o como le quieran nombrar, contra el narcotráfico. Se trata de la esperanza de que nuestra sociedad vuelva a su cauce de legalidad mediante una consecución de acciones dentro de la misma legalidad.
No se trata entonces de la lucha, guerra o como le quieran nombrar, del presidente Calderón contra el narcotráfico. Se trata de cómo todos, como sociedad, enfrentaremos el mal que dejamos crecer bajo la subcultura del "dejar hacer-dejar pasar".
No se trata de unirnos a una narcomunión, sino de construir un entorno limpio, sin violencia, pero sobretodo, sin miedo.
Por eso reitero mi plena convicción: el progreso no debe obtenerse corrompiendo a la sociedad.
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Este sábado acudí a la que sin duda ha sido una de las marchas mejor "cubiertas" de la historia, y es que no era para menos, quienes nos manifestábamos éramos los propios periodistas. Y nos juntamos un montón de "nosotros" para exigir las condiciones necesarias para el ejercicio de nuestra profesión. Para pedir que se haga algo ya por todos nuestros compañeros desaparecidos. Para exigir la justa impartición de justicia para aquellos que han sido asesinados en los últimos años.
Ya luego, en el camino vinieron los abrazos, los besos y las sorpresas ante años de no vernos debido a esta profesión que no te deja tiempo ni para vivir.
Que fuimos manipulados, que no servirá de nada, que esto, que aquello. Lo demás está demás. Yo me quedo con la idea de que esta bola de "revoltosos" se hizo presente y que de desunión no tenemos nada.
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Antes de esa marcha, el viernes, los colegas nos reunimos para darle el último adiós físico al maestro Fidel Samaniego, periodista de a de veras, no vedette ni bufón de los medios. Fidel falleció en el puerto jarocho que tanto le gustaba. Cuentan que se levantó temprano, "echó desmadre" un rato, se alistaba para bajar a nadar a la alberca y se sintió un poco mal. Se recostó en la cama de la habitación del hotel donde se hospedaba y el resto de la historia ya todos la sabemos.
Fidel se despidió de mí ese viernes, desde temprano. Me escribió que se iba a Veracruz, de vacaciones, y me preguntó qué viaje recordaba y añoraba. Fidel nunca me mandó ese mensaje directamente a mí, porque fue mediante su blog, pero esa despedida la haré mía, porque fue a través de su trabajo, como los grandes, que trascendió. A Fidel nunca lo conocí, ni aún estando a unos metros de su féretro no quise, mejor me quedo con las letras que publicó, el morbo y la hipocresía se los dejo a otros. Adiós Fidel, te adelantaste un poco, pero allá terminaremos todos. Mientras tanto yo buscaré cada día aunque sea un poquito, pero poquito, ser GRANDE como tú.
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Quédate y aprende. Y a la información acompáñala de la acción. Emily Dickinson decía que 'ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos en pie'.
























































