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Ximena Navarrete al rojo vivo
Por Rosa María Valles Ruiz
Estudi&oaute; la licenciatura en administraci&oaute;n p&uaute;blica, y maestr&iaute;a y doctorado en Ciencias de la Comunicaci&oaute;n FCPyS-UNAM. Desde el año 2004 es profesora investigadora en la Universidad Aut&oaute;noma del Estado de Hidalgo.
Rojo el vestido, roja la intensidad de los mil y un vuelos del atuendo elegido por Ximena Navarrete para posar en traje de noche, roja la pasión por figurar en la alfombra de las finalistas al concurso Miss Universo. La Miss México derrochó encanto visual, porte, distinción y al final logró el cetro de la visibilidad mundial, el que inmortaliza su imagen envuelta en los espectaculares giros del vestido rojo.
Tiene 22 años, es originaria de Jalisco, mide 1.74 metros , ostentó ya el título Miss Jalisco y fue nombrada en Puerto Vallarta, Miss México. Por su triunfo en Las Vegas, Nevada como Miss Universo, durante un año será acreedora a joyas, zapatos, cosméticos, viajes, ropa, y un largo etcétera en el que se incluyen estudios de actuación en Nueva York, entrevistas con medios de comunicación de todo el mundo, encuentros con personajes del jet set internacional.
Parecería que como Miss Universo, Ximena lo tendrá todo pero no es así. Porque hay un ingrediente que se ha dejado de lado: el capital cultural que permitiría que una mujer, cualquiera, no sólo ella, se concibiera a sí misma como un ser humano con capacidad y potencialidades de desarrollo. ¿Alguien ha hablado de preparación en el concurso Miss Universo? Los organizadores siguen pensando que sí aunque una mirada crítica e intencionada hacia el espejo devuelve la imagen tradicional asignada a la mujer: la de objeto deseado, sensual aunque no pensante.
La preparación académica de Ximena está vinculada directamente al mundo de la imagen y el cuidado excesivo de la figura. A los 16 años de edad hizo su primera pasarela para continuar con su actividad de modelo. Se afirma que estudió nutrición antes de ingresar al concurso de Miss México.
La inversión de Ximena de manera personal ha sido constante y descomunal en el ámbito de resaltar su belleza física aunque no la intelectual. Sus respuestas en la parte de “inteligencia” fueron simples, casi mecánicas. Sobre los matrimonios gays opinó que homosexuales y lesbianas son gente normal, sobre las cualidades de los gobernantes expresó que deben ser personas trabajadores “y sin ambición personal”, lo que indica su escaso conocimiento sobre el papel de diversos actores políticos en determinadas etapas de la historia de México.
El concurso, ni duda cabe, sigue siendo muy atractivo. La belleza física, de hombres y mujeres suele ser gancho espectacular. Tal vez recordemos por algún tiempo, los giros mágicos, grandiosos y hasta voluptuosos del vestido rojo que lució Ximena. Por lo menos durante un año en el cual México será nombrado no sólo por los desatinos sin parangón del gobierno actual y sus innumerables desfasamientos en la conducción de la política social y económica, sino por la belleza de Ximena, por la alzada de sus cejas tipo María Félix, por la perfección de su nariz y la brillante cascada de su cabellera, aunque no por sus ideas de avanzada ni por su sensibilidad social ni por sus propuestas para mejorar la vida en su país o el planeta.