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Revolucionarias del nuevo milenio
Por Martha Alicia Delgado
Docente con Maestría en Intervención de la Práctica Educativa.
Patria mía, soy una de tus mujeres de moreno corazón, que precisa hablarte con el mayor de mis respetos; han pasado cien años desde que nuestros antepasados se levantaron contra el gobierno, en aquel tiempo había motivos; la conquista de los derechos sociales y la libertad, así como un suelo desnudo de asfalto.
Hoy la tierra está cubierta de concreto, las injusticias sociales, siguen haciendo de ti, mi querido México, un suelo fértil. La tierra no es de quien la trabaja, siguen existiendo caciques que atormentan a tus hijos, los bandoleros siguen asolando nuestros pueblos, algunos son cínicos y muestran el rostro sangriento que enluta familias, otros se esconden tras escritorios para seguir robando.
Los indígenas siguen muriendo de hambre, a veces golpeados por manos paisanas... por eso emigran y como las golondrinas, llegan a las grandes ciudades, con la ilusión en los ojos, terminan malbaratando la expresión de su alma en chaquiras y bordados.
México querido, te amo a pesar de tus problemas, el alma me vibra de saberme jalisciense, tu soberanía corre por mis venas, hasta hacerme lanzar un grito de libertad... ahora con mi frente en alto y mi voz clara, suplen las armas y las cananas. Mi corazón está plagado de ideales, como hace un centenar de estrellas; sigue mi voz pidiendo justicia por el campesino que es marginado, por los trabajadores que no respetan su jornal; mi alma llora tanta sangre inocente derramada, los derechos conquistados poco a poco se van desdibujando...
Las aves de la desilusión rondan mi corazón con frecuencia, cuando veo niños en la calle, ancianos comiendo de la basura... Nuestros mayores, de quienes deberíamos besar la mano y escuchar sus sabios consejos que el polvo de tiempo les legó... Patria querida, aún hay violencia contra tus mujeres que no se han dado cuenta de su valía y es que tener conciencia de ser revolucionaria, requiere que una sienta con las entrañas, el alma y la mente para que la voz tenga peso, el peso de la dignidad que clama justicia sin sangre en las manos.
Las revolucionarias del nuevo milenio, somos ciudadanas activas que buscamos desde nuestra trinchera, engrandecerte patria mía. Somos gente pequeña de gran corazón, que levanta basuritas por verte limpia; somos esas voces anónimas que reportan a los ladrones y narcomenudistas, somos esos ojos que lloran ante la injusticia pero que no nos quedamos calladas, que no guardamos ese amargo sabor... Por el contrario, alimentamos nuestros corazones de esperanzas e ilusiones por un mañana distinto, porque esperamos que nuestros niños se llenen de amor a ti para seguir caminando por una patria justa para todos.