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Entre el placer y el dolor

Por María Esther Espinosa Calderón
Periodista, ha colaborado en diversos medios, entre ellos el Uno más Uno, Mira, El Universal, Etcétera, 'Triple Jornada' del periódico La Jornada, y en la revista Fem.
Laura es aficionada a los juegos de azar. Desde que se inauguró el Yak de Pabellón Cuauhtémoc, asiste sistemáticamente tres veces por semana, argumentando que le queda cerca de su casa, que le sirve de distracción, la motiva y hasta de disciplina para caminar regularmente, pues ya es una costumbre las nueve calles que recorre de ida y vuelta en su rutinaria vida. Hoy no pudo evitar sentirse amenazada, expuesta al peligro, en riesgo de vida cuando vio las imágenes del infierno en que se convirtió el casino Royale de Monterrey: “Sentí horrible, porque pensé que yo podría ser una de esas mujeres que quedaron atrapadas en el horror de una tragedia, cuando todas ellas acudieron a ese lugar buscando un momento de esparcimiento... para disfrutar de un rato placentero.
Qué impotencia, cuánto miedo y conmoción habrán sentido esas 53 personas que ya no vivieron para contar su desesperación por salir de las llamas cuando el 25 de agosto un comando armado prendió fuego al Casino, sin que nadie pudiera impedirlo.
Luego se supo que allí estaban 35 mujeres que perecieron calcinadas, cada una con una vida e historia diferente pero con un gusto en común: el placer de jugar. "Yo podía ser una de ella, cualquiera de ellas, también era yo". El nombre no importa, Laura, Judith, Marcela o Esther...
La noticia recorrió México y traspasó las fronteras. A mí me recorrió el cuerpo una extraña descarga eléctrica que me dejó estremecida y amedrentada por días. No entendía cómo el placer y el dolor se podían fundir en un instante.
Los centros de apuestas fueron cerrados durante el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas, por considerar que podrían ser proclives a la corrupción; sin embargo, el gobierno de Vicente Fox, cuando Santiago Creel era secretario de Gobernación, reabrió las salas de juego en 2005.
Poco a poco las mujeres fueron llegando a estos centros de apuestas, unas por soledad, otras para olvidarse de su cotidianeidad, de sus penas, de la violencia familiar, o pensando que con un golpe de suerte resolverían sus problemas económicos; al principio con pena, después con gran "seguridad", entraban al "mundo mágico", al "mundo de los sueños". Las que no pudieron escapar del Royale, sucumbieron al "sueño eterno de la muerte".
La existencia de los juegos de azar, que ofrecen la posibilidad de obtener algún tipo de ganancia rápida, ha estado presente en todas las culturas desde tiempos inmemoriales. Algunos historiadores señalan a Sófocles como el primer jugador de dados. Se dice que el Rey Enrique VIII perdió en una partida las campanas de la catedral de San Pablo. También que Fedor Dostoievsky, escribió su obra El Jugador como pago a las deudas contraídas por este tipo de "recreación".
En México cada vez asisten más mujeres a estos sitios y aunque lo hagan con preocupación después de lo ocurrido, seguirán concurriendo. Ya ningún lugar es seguro, ni las escuelas ni las iglesias o el metro o los cines. El país entero es inseguro, ni los sitios públicos ni los particulares se escapan. La vida misma es un juego de azar. Raquel piensa que el área de fumar es una nube de humo asfixiante, porque esa área está toda encerrada, pero puede más su vicio por el cigarro, que su salud física y mental: "Me gusta disfrutar el cigarro junto con 'la maquinita': el cigarro lo gozo cuando voy ganando, y me ayuda a calmarme cuando voy perdiendo".
Tere va con frecuencia al Yak, porque dice que sus hijas ya se casaron, su marido se va a trabajar, ella cierra su negocio y ya no tiene nada qué hacer. Para no aburrirse en su casa prefiere ir a divertirse un rato: "Aquí me siento bien, aunque cuando pierdo quedo con un gran remordimiento de conciencia, pero mañana será otro día, ya me recuperaré", dice y se convence.
En tanto, Carmen piensa que ir al casino le sirve para distraerse, para desestresarse, para olvidarse de los problemas que tiene con su esposo: "Mi marido tiene muy mal carácter, él no sabe que vengo, si lo supiera me mataría, pero procuro que no se dé cuenta, porque aquí se me olvidan mis penas".
Para las mujeres, el juego ha sido visto como un acto de carácter social, de reunión, entretenimiento y convivencia con las amigas en espacios privados. Es el caso del famoso juego semanal de canasta. Allí, además de vivirse importantes intercambios entre mujeres, quedaban también escondidas posibles adicciones o compulsiones al juego y a las apuestas.
Junto con los casinos, también han proliferado las ludópatas, el número va en ascenso, una gran mayoría son mujeres cuya conducta aún no ha sido considerada en México como un problema de salud pública.
"La ludopatía en mujeres, desde un enfoque de género, puede explicarse por la necesidad de evasión ante realidades como el maltrato familiar o la falta de un proyecto de vida propio, más allá del ejercicio de la maternidad". [1]
La ludopatía o juego compulsivo es un trastorno psiquiátrico que por primera vez fue reconocido como tal, por la Asociación Psiquiátrica Norteamericana en 1980. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera como una enfermedad, un trastorno compulsivo de la conducta quien convierte a quien lo padece en una persona incapaz de resistir el impulso de jugar, y que se agudiza de forma crónica y progresiva hasta convertirse en una adicción con consecuencias de alto riesgo.
Adriana, cuando va perdiendo, se enoja, golpea la máquina y asegura que ya no volverá a ir, sin embargo, al día siguiente, se olvida de su promesa, porque: "tengo que recuperar lo que perdí ayer". Cosa que difícilmente llega a suceder.
Según un estudio realizado por la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos, las mujeres se pueden volver adictas a los juegos de azar, casi tres veces más rápido que los hombres. Debido a que se aficionan a este tipo de juegos para escapar de sus problemas y porque comienzan a jugar a una edad más tardía que los hombres. Las características se asemejan a un fenómeno observado en el alcoholismo, en que la adicción comienza tardíamente pero avanza más rápido en las mujeres que en los hombres. [2]
El juego de azar tiene como características el utilizarse para escapar de los problemas diarios, para aliviar sentimientos de desesperanza, culpa, ansiedad o depresión (American Psychiatric, 1995), pero como toda adicción "invade, socava y a menudo destruye todo lo que es significativo en la vida de la persona".
En México no existe una cifra exacta de ludópatas, sin embargo, se estima que son dos millones de personas que padecen esta patología, cada vez son más los adeptos y adeptas a este tipo de "diversión", cada vez son más las familias con problemas económicos porque alguno de los proveedores pierden parte de su sueldo en estos lugares. Cada vez es más el peligro al que se exponen los y las ludópatas en este México convulsionado. Cada vez, el bienestar y su contrario se trastocan, cada vez nuestros hábitos de vida desde los más simples como comer, trabajar y divertirse conllevan fuertes dosis de destrucción sin que podamos darnos cuenta y evitarlo.
Notas:
[1] http://www.jornada.unam.mx/2011/08/29/politica/005n3pol
[2] www.mujeresnet.info/2010/10/adrenalina-pura.html