2025 Columnas Guadalupe López García 

Esther Mora Soto: parte de la genealogía de las mujeres en el futbol mexicano

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Por Guadalupe López García


Esther Mora Soto presenta el libro que recoge parte de su trayectoria deportiva, Érase una niña que jugó futbol, narrado en primera persona y escrito por el periodista Enrique Ballesteros.


Ingresar al Salón de la Fama del Futbol Internacional es tener una historia detrás que nos hace decir: “Yo merezco estar ahí”, expresó Esther Mora Soto, durante una de las presentaciones del libro que recoge parte de su trayectoria deportiva, Érase una niña que jugó futbol, narrado en primera persona y escrito por el periodista Enrique Ballesteros.

Justo unas semanas antes de terminar el libro, Esther recibió la noticia de que había sido aceptada para ingresar al Salón de la Fama como parte de la Generación 2024. Ese año fueron admitidas en el reciento (con sede en la ciudad de Pachuca, Hidalgo) 16 hombres y dos mujeres: Una de ellas es Kristine Lilly, campeona de la copa mundial femenina, medalla de oro y medalla de plata olímpicas. La otra es Mora Soto, quien fue nominada como la mejor jugadora extranjera y título de goleo.

A través de la pluma de Ballesteros, Esther Mora cuenta que su afición por el futbol nació cuando era una niña que nació en 1957. Ella nos lleva de la mano para conocer cómo incursionó en el ámbito profesional, su llegada a Europa y regreso a México; después como instructora y, por último, como leyenda.

Y sí, casi una niña, fue la primera futbolista mexicana que jugó de manera profesional fuera del país. llegó primero a Europa, antes que Hugo Sánchez, al equipo italiano Alaska Lecce, aunque nunca pudo participar en un mundial femenino ni haber recibido el Premio Nacional del Deporte.

Mora Soto ha presentado su libro en varias ocasiones. Una de ellas fue en noviembre de 2024 en la ciudad de México. Ahí estuvo acompañada de quienes fueron sus compañeras en el deporte de las patadas: Cecilia Gallegos Curiel y Martha Coronado Díaz. Al igual que ellas, para la exfutbolista y después entrenadora, el deporte fue su vida.

Entre las asistentes de aquel evento, en la que participé con un texto, se encontraban otras exfutbolistas: Magdalena Fragoso Tinoco y Carolina Sánchez, quienes calificaron a Mora Soto como una de las mejores futbolistas mexicanas. “Todas somos Esther y Esther es todas”, dijo Carolina, quien lamentó que su compañera haya sido reconocida en otros países, antes que en el suyo.

Enrique Ballesteros se identificó como el “instrumento” de los recuerdos de Esther. Elaboró un retrato hablado construido con mensajes de voz y la búsqueda de hemerografía para construir su legado y para que ella misma se reivindicara. Buscó que la exfutbolista hablara de lo que nunca había dicho en un libro que queda abierto y que termina cuando fue investida para entrar al Salón de la Fama, en el que se resguarda la memoria histórica de 166 hombres y 14 mujeres en el futbol internacional y nacional.

Junto con sus compañeras, Esther es parte de esa genealogía de las mujeres en el futbol mexicano

Gloria Tello Sánchez, colaboradora de la Red de Mujeres Sindicalistas, una de las promotoras para la presentación, señaló que el libro puede motivar a las nuevas generaciones de futbolistas. Hay muchas historias perdidas o que están escondidas que se necesitan recuperar.

En la trayectoria de Mora Soto se refleja la historia de las mujeres que han incursionado en un deporte que ha sido dominado por los hombres (como la mayoría de las disciplinas). Desde niña fue estigmatizada por jugar a la pelota con niños. En la escuela fue castigada para que entendiera que el futbol no era para las niñas. El cronista Ángel Fernández le recomendó mejor jugar con muñecas.

De niña, participó en equipos mixtos, pero en otras categorías infantiles ya estaban separados por sexo. No obstante, Esther fue parte de un equipo varonil, acompañada del rechazo de las y los adultos al ver a niñas patear un balón. Este estigma, como lo mencionó en el libro, la acompañaría siempre; incluso, buscando ser instructora.

Dar a conocer la vida de Esther permitió también tener un panorama acerca del desarrollo del futbol de mujeres en México, de la década de los 70 a los años más recientes con la creación de la Liga MX Femenil, y a nivel internacional. De cuando niñas y jóvenes corrían “todas en bola” tras el balón, a saberlo “tocar” con más técnica y preparación.

También de los equipos, los entrenamientos, la alineación de jugadoras, las prácticas y políticas con intereses personales o de grupo que se dan en todos lados y en todos los tiempos, así como de la conformación de las selecciones femeniles organizadas al vapor, sin apoyos y sin un trabajo a largo plazo que les permitiera consolidarse para competir en los mundiales o juegos a nivel internacional.

Esther estuvo en la liga italiana, y más adelante se incorporó su hermana Guadalupe. De regreso al país se reincorporó a su equipo Mundialistas y después a la liga de futbol rápido. Pese a su trayectoria y sus récords por goleo, nunca pudo ir a un mundial.

Como presentadora del libro, editado por Amazon, expuse que todo texto tiene una intención política e hice énfasis en la importancia de la escritura de las mujeres como un acto de reflexión feminista y de reivindicación histórica que permite visibilizarnos y registrar nuestra experiencia desde nuestra mirada.

“Lo que nos ofrece Esther, con la pluma del periodista Enrique Ballesteros Durán, es recuperar parte de la historia de las futbolistas, desde su propia voz, para entender el presente. Junto con sus compañeras, Esther es parte de esa genealogía de las mujeres en el futbol mexicano”, destaqué.

Y agregué: “Sus letras reflejan la discriminación, violencia y desigualdad que vivimos día a día las mujeres en los distintos ámbitos en los que nos desenvolvemos; en este caso, en el futbol. Pero también nos habla de esa resistencia y rebeldía siempre presente, no solo en lo individual sino en lo colectivo de todas las mujeres”.

 

 

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