Mujeres periodistas y lado humano en el caso de Tlehuelilpan

Por Elvira Hernández Carballido

 

Joselyn Sánchez, Verónica Monroy y Sandra Uribe cubrieron ejemplar y valiosamente la explosión de una toma clandestina de combustible, hace un año, en Hidalgo. Las tres no olvidan lo que vivieron y la decisión entre salvaguardar su integridad, ayudar y su deber de informar.



El 18 de enero de 2019 el estado de Hidalgo vivió una de las más grandes tragedias de su historia. La explosión de una toma clandestina de combustible provocó la muerte de decenas de personas que, sin suponer el gran riesgo que corrían, se aproximaron para extraer ese preciado líquido, ya sea para venderlo o para utilizarlo ante el problema que se vivía en ese momento de desabasto en las gasolineras y el llamado “huachicoleo”, que durante mucho tiempo se caracterizó por el robo a los ductos de Pemex.

Ante este grave suceso, el periodismo hidalguense estuvo a prueba. Y las mujeres reporteras respondieron ejemplar y valiosamente.

Fue así como Joselyn Sánchez y Verónica Monroy fueron las primeras en llegar al lugar. El informe reportaba que un número representativo de personas estaba aprovechando la gasolina que brotaba al romperse el tubo de una toma clandestina. Se indicaba que había hombres, mujeres y niños con baldes y cubetas para recoger el preciado líquido. La gente no estaba asustada, algunos lo habían tomado como un juego, como una provocación, esa sensación de hacer algo prohibido, fiesta porque las autoridades no los enfrentaban. La euforia se desbordaba por llenar los recipientes. Ya estaban soldados en el lugar, pero no hacían nada.

Verónica Monroy, reportera de Plaza Juárez, recordaba que llegó con su camarógrafo, listos para tomar las escenas. Ella empezó a interrogar a las personas. De pronto, la explosión fue de tal fuerza que los tiró al piso. Por supuesto, en cuanto logró levantarse le pidió a su compañero que grabara. Tardó unos segundos en darse cuenta que las bolas de fuego que se acercaban a ellos eran cuerpos incendiados. Gritos y terror. Ella empezó a narrar la escena, su voz temblaba, su tono delataba la fuerte impresión del momento. Aun así, pudo sintetizar lo que veía. Sin embargo, dudaba si mejor ayudaba a los heridos o tomaba nota de lo que pasaba. Nunca olvidará que empezó a tranquilizar a los que buscaban a sus parientes, que una mujer cargaba a una persona con quemaduras y ésta, al ver que era reportera, le murmuró: “Dígale a mi madre que me perdone, me pidió que no viniera”.

La voz de Verónica se quiebra. Confiesa que ha tenido pesadillas, que vive con una constante sensación de incertidumbre. Aprovecha que entre el público se encuentra el profesor Habacuc López Acevedo y le agradece que les impartió un curso para actuar en situaciones de emergencia. Por ello, señala, no fui de tacones, traía ropa que no me incomodara o complicara mi movimiento. Los números de emergencia, los avisos de indicar a dónde iba y dónde estaba. El reporte constante con mi jefe de Redacción. Atender su petición de que no me arriesgara por conseguir la nota. De igual manera, agradeció la actitud ética de Óscar Raúl Pérez, director de la edición, ya que juntos revisaron el material que ella consiguió, pero siempre buscaron respetar a las víctimas, no caer en sensacionalismo y dar un sentido humano a lo que se iba a publicar.

No fui de tacones, traía ropa que no me incomodara o complicara mi movimiento. Los números de emergencia, los avisos de indicar a dónde iba y dónde estaba. El reporte constante con mi jefe de Redacción. Atender su petición de que no me arriesgara por conseguir la nota.

Fue un honor que transmitiera en vivo por uno de los noticiarios de cobertura nacional cuyo titular es José Cárdenas. En varios medios, entre ellos la página de noticias de Carmen Aristegui, se indicaba: “A las 18:41 horas, la periodista Verónica Monroy realizó una transmisión en vivo donde se puede observar que a esa hora de la tarde ya había presencia de policías municipales y soldados en la zona, frente a los cuales pasaban caminando personas con bidones”.

En su testimonio, la reportera destacó: “Estuve a una distancia de 200 metros, debo decir que nunca me puse en riesgo, ni porque fuera la mejor nota. La nube comenzó hacerse más grande y me tuve que mover hacia atrás porque había mucho riesgo. Durante la transmisión pedí a las personas que ya no vinieran hacia acá, pero seguían llegando”.

Joselyn Sánchez, reportera del diario AM, evocó que, al llegar a la comunidad de San Primitivo, de inmediato sintió malestares, dolor de estómago y ganas de vomitar, por el fuerte olor a gasolina y prefirió replegarse. Por supuesto, estaba ahí para dar a conocer la noticia, pero no quiso ser protagonista, ni tampoco ponerse en grave riesgo. Aseguró que “hubo un momento que decidí salirme del lugar por mi integridad, pues también pensé en mi familia que me espera. Pero debemos valorar qué tanto vale la noticia sobre nuestras vidas; si muero durante la transmisión, no habría valido la pena estar ahí”.

Desde su perspectiva crítica y analítica, la periodista Sandra Uribe, reportera de la revista Acrópolis, precisó que el caso Tlahuelilpan no debe quedarse en la nota de hoy o en el reportaje de la próxima semana. Tlahuelilpan representa ya para la historia de Hidalgo un antes y un después, una lección que no se debe olvidar, una lección que debe provocar acciones, protocolos, denuncias. Fue así como, con voz fuerte y segura, indicó: “Estamos en un país violento y en un estado donde ha habido una creciente de estos casos, debemos darle seguimiento. Tlahuelilpan hizo un antes y un después porque fue un evento con muchas aristas, la cobertura sigue”. Ella pidió no olvidar otros casos graves que han ocurrido en la región: la desaparición de personas en el municipio de Huichapan, el asesinato de jóvenes en Ixmiquilpan, el multihomicidio en Tizayuca. Cada uno de ellos, afirmó, forma parte de la actualidad del estado. “Ahora esto es una pieza de nuestro presente, pero después será historia”.

Ya hace un año de esa gran tragedia que ha marcado al estado de Hidalgo. Las tres reporteras han ido a cubrir ese triste día en un poblado que sigue de luto. Las tres no olvidan lo que vieron y escucharon, lo que tuvieron que informar, siempre dentro de un respeto, sin perder el lado humano.

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