Foto: Mariana C. Bertadillo/MujeresNet

Por Adriana Solórzano Fuentes

Directora de Producción y Planeación de Radio Educación. Ex presidenta de la Asociación Mexicana de Defensorías de las Audiencias. Ex defensora de las audiencias de UAM Radio y del Instituto Mexicano de la Radio.

 

Para aprovechar al máximo herramientas detonadoras de cambio social como son la radio y la televisión, con audiencias que exijan un mejor uso de los medios de comunicación como un servicio público que fomente la reflexión, la equidad y la justicia social; se requiere de una alfabetización mediática desde la educación básica.



El artículo cuarto de la Constitución señala que hombres y mujeres somos iguales ante la Ley. Eso, en otras palabras, quiere decir que todas las personas debemos gozar de los mismos derechos. No está de más aclarar que esa igualdad de “jure”, es decir reconocida jurídicamente, no es de ninguna manera equivalente a la igualdad de “facto”, o sea, igualdad de hecho, concreta, material, real.

Aunque a veces pareciera innecesario explicar por qué se requieren políticas públicas en favor de la equidad de género, es preciso insistir en una premisa básica: es injusto tratar igual a los desiguales.  Abundemos. La ley reconoce igualdad de derechos, pero en la práctica no se da; por lo tanto se necesitan acciones compensatorias que nos permitan caminar hacia esa equidad. Digámoslo de esta manera, si las mujeres se encuentran actualmente en desventaja, deben existir políticas públicas en su favor para procurar el equilibrio.

Una de esas políticas es la obligatoriedad de que la programación de la radio y la televisión  propicie la igualdad entre hombres y mujeres (Art. 223 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión) y que de ninguna manera fomente violencia contra las mujeres (Art. 38 de la Ley General de Acceso a la Mujeres a una Vida Libre de Violencia).

La perspectiva de género en los medios de comunicación es un elemento complejo. Los medios públicos desde hace décadas han impulsado producciones de avanzada para cuestionar  las prácticas sociales que abren una brecha entre géneros. Como ejemplos, El Foro de la Mujer, ideado y conducido originalmente por Alaíde Foppa, producido y transmitido por Radio UNAM en la década de los 70 y recientemente reconocido como Memoria del Mundo por la UNESCO; o La causa de las mujeres, producido por Sonia Riquer, en la misma década y transmitido por Radio Educación. Desde entonces la radio pública se ha preocupado y ocupado en producir contenidos que apoyen el avance de las mujeres.

Tener en la parrilla programática producciones en favor de la equidad de género es un esfuerzo valioso, pero no es suficiente.

El asunto es que tener en la parrilla programática producciones en favor de la equidad de género es un esfuerzo valioso, pero no es suficiente. Los programas que produce la radio pública  suelen ser  sintonizados por grupos poblacionales que ya tienen cierta conciencia al respecto. Lamentablemente el grueso de la población y, sobre todo, correspondiente a sectores en los cuales se requiere mayor información y trabajo pedagógico, no sintonizan ese tipo de programas y, esta afirmación no es mera intuición. Veamos los resultados de un estudio elaborado por el órgano regulador mexicano, el Instituto Federal de Telecomunicaciones.  

El segundo Reporte Trimestral de Audiencias de Radio y Televisión con Perspectiva de Género, elaborado  para el periodo abril-junio de 2019, nos muestra algunos datos poco alentadores. Veamos unos cuantos.

Las mujeres están expuestas a la televisión un 10.8% más que los hombres. El rango de edad en el que la brecha se abre más es entre 25 y 34 años. En ese grupo etario, las mujeres están expuestas a la televisión en promedio 33.9 por ciento más que los hombres.  Entre las 17:30 y las 19:00 horas se acentúa la presencia femenina con respecto de la exposición masculina. En general los canales nacionales abiertos son más vistos que la televisión por cable o los canales locales. Las mujeres suelen preferir programas dramatizados unitarios, telenovelas y reality shows.

El panorama en la radio no es mejor. La radio se escucha más durante la mañana y hasta las 13 horas; después de ese horario, en general, se da una especie de caída libre.  Las mujeres entre 25 y 54 años de nivel socieconómico D son las más asiduas a la radio matutina. Uno de los programas más favorecidos por las mujeres  es Encuentro con tu ángel de Radio Fórmula. El programa se transmite de lunes a viernes  de 6 a 10 de la mañana en la frecuencia 1470 AM y es conducido por Rafael Balderas.

El programa es clara y abiertamente religioso. Inicia con oraciones y prácticas cristianas e incluye lectura de la biblia y rezos cada cierto lapso. Es un programa con escasa producción, el conductor constantemente alude a deidades católicas, a la predestinación y gran parte del tiempo al aire se utiliza en testimonios de la  audiencia que platica sus problemas o su día a día. Las llamadas que se reciben son en su mayoría procedentes de mujeres. La emisión tiene más de 12 años. Reiteradamente se refuerza un mensaje de resignación, abnegación y confianza en que la fe da sentido a todo lo que nos ocurre y que las causas y resolución de cualquier problema no está en nuestras manos, sino en un poder divino superior.

Los medios de comunicación son estratégicos en el avance de las mujeres, pueden visibilizar, impulsar la deliberación, la reflexión sobre roles y prácticas; pero lamentablemente se utilizan, en muchos casos,  para anclarnos a modelos injustos de organización social.

Independientemente que las advocaciones religiosas serían causa de otro debate relacionado con la pertinencia y legalidad en la transmisión de ese tipo de contenidos que de entrada muestran una falta de pluralidad; el problema principal de los programas basados en dogmas es que lejos de ofrecer caminos o alternativas ante las dificultades, fortalecen un pensamiento de aceptación al statu quo en virtud de que ocurre por designio divino.

La religión católica, de entrada, tiene sesgos machistas. Dios es representado como hombre y el sacerdocio, es decir, la representación de Dios, es una actividad exclusiva de varones; por mencionar un par de ejemplos.

El artículo 256 de la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión establece que las audiencias tenemos derecho a contenidos plurales y  apegados a la equidad de género. Cuando el radioescucha o televidente considera que se le ha vulnerado un derecho debe poder interponer una queja ante el defensor de las audiencias, quien está obligado a actuar de acuerdo con el código de ética de la emisora.

Es triste, pero en el caso que nos ocupa, la página web no proporciona información sobre derechos de las audiencias, no señala quién es el defensor ni se encuentra accesible el código de ética.

Es claro que la posibilidad de interponer una queja tampoco es una solución de fondo. El programa es ampliamente escuchado y las mujeres que lo sintonizan difícilmente considerarían que están siendo vulneradas en sus derechos. No por el hecho de pertenecer a un grupo históricamente vulnerado significa que haya conciencia de la injusticia y la inequidad;  es por eso que  los medios de comunicación son estratégicos en el avance de las mujeres, pueden visibilizar, impulsar la deliberación, la reflexión sobre roles y prácticas; pero lamentablemente se utilizan, en muchos casos,  para anclarnos a modelos injustos de organización social.

Como sociedad debemos preguntarnos cómo queremos que se utilice un bien nacional finito como lo es el espectro radioeléctrico y qué tipo de contenidos esperamos de la radio y la televisión.  

Si bien, la libertad de expresión, como derecho humano, garantiza la difusión de todas las opiniones e ideas sin importar lo insensatas, chocantes o injustas que puedan ser; como sociedad debemos preguntarnos cómo queremos que se utilice un bien nacional finito como lo es el espectro radioeléctrico y qué tipo de contenidos esperamos de la radio y la televisión.  

Pero, para que llegue el día en el que la población exija un mejor uso de los medios de comunicación como servicio público que son y favorezca con su consumo aquellas producciones que fomenten la reflexión, la equidad y la justicia social se requiere que trabajemos desde la educación básica en la alfabetización mediática e informacional; si continuamos por el camino de la indolencia seguiremos desperdiciando herramientas detonadoras de inclusión y cambio social.

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