Violencia vs Violencia. Preguntas que me rondan

Por Georgina Ligeia Rodríguez Gallardo

 

¿Qué ocurrió? ¿Es tanta violencia a la mujer un efecto perverso? Reflexiones en torno de las manifestaciones feministas.



Debo confesar que las recientes manifestaciones en contra de la violencia hacia la mujer me han generado profundas contradicciones. Es innegable que la violencia hacia la mujer se ha incrementado en todas sus expresiones de manera preocupante y alarmante. Quizá ha llegado el momento de hablar de un efecto perverso, dado que el ejercicio de la violencia hacia la mujer se ha acrecentado a pesar del esfuerzo por erradicarlo. ¿Qué ocurrió? ¿Estamos a tiempo para contrarrestar este efecto perverso?

Es necesario señalar que para poder combatir la violencia de género se realizó un arduo trabajo académico e institucional para estructurar, definir sus manifestaciones, dimensionarlo y principalmente conceptuar que no es la misma violencia para los hombres y para las mujeres, ni es la misma para adultos que para jóvenes o para niños/niñas y personas adultas mayores o con discapacidad. No es violencia; son las violencias. La violencia también está sujeta a espacios de género, a la cultura, y a los momentos históricos. Se emprendieron y se continúa trabajando en abatir la violencia de género, sin embargo esto no sucede, por el contrario se ha incrementado.

Las mujeres han trabajado desde diferentes trincheras por los derechos de la mujer, la eliminación de brechas de género y principalmente la erradicación de la violencia que a golpe de palabra y muchas con su vida ganaron espacios. ¿Pero qué ocurrió? ¿Es tanta violencia a la mujer un efecto perverso?

La violencia hacia la mujer se había caracterizado por ser ejercida por el primer círculo -en una mayor proporción-; esto cambió, ahora la mujer es agredida, secuestrada, violada, y asesinada por extraños, además de que los casos de agresión por familiares o pareja se han incrementado en violencia y crueldad. ¿Qué ha pasado con el trabajo de sensibilización? Y me pregunto: ¿Es esto un efecto perverso?

La violencia se transforma según la víctima. La violencia para los hombres tradicionalmente se concentraba a las áreas públicas y la de las mujeres a las privadas. Ya no es así. En algún punto del proceso de años por erradicar la violencia -que es continuo-, de abrir espacios para las mujeres, se detonó un cambio en los marcos estructurales de la manifestación de la violencia y el grado de crueldad también se acentuó. Ahora la mujer se encuentra expuesta a un mayor número de ámbitos de manifestación de violencia. Como ejemplo podemos mencionar que en México por aspectos socioculturales eran raros los casos de asesinos seriales; en fechas recientes se han detenido asesinos seriales que llevaban ya algunos meses o años operando. Es cierto que las violaciones es un fenómeno permanente pero ahora las cifras son alarmantes, son más violentas o la víctima es asesinada.

No es necesario hacer cita de estadísticas o de encuestas, para determinar que los casos de las mujeres sin importar su edad o condición social o cultural; y que los riesgos de la mujer, antes limitado a la esfera del hogar y generalmente causada por algún miembro de la familia, no se han eliminado, más bien se han incrementado con furia. En unos años los casos de violencia por el simple hecho de transitar por la calle se acrecentaron de manera preocupante, pero lo que más alarma es el grado de violencia ejercido. ¿Qué estamos olvidando?

Las mujeres han trabajado desde diferentes trincheras por los derechos de la mujer, la eliminación de brechas de género y principalmente la erradicación de la violencia que a golpe de palabra y muchas con su vida ganaron espacios. ¿Pero qué ocurrió? ¿Es tanta violencia a la mujer un efecto perverso?

Será que el trabajo desarrollado por todos y todas para combatir la violencia de género solo fue una fachada, un discurso político -lo políticamente correcto-  y se dejó germinar la semilla de la violencia hacia la mujer aflorando con mayor cólera, como si hubiese estado dormida tan solo, o como si siempre hubiera estado ahí creciendo y tomando fuerza. ¿Es que las estructuras sociales de dominación masculina nunca cedieron y buscan retomar espacios?

Ahora bien, la violencia, en su expresión más simple, es definida como el ejercicio de la fuerza, del poder del fuerte sobre el débil, fundamentado en la desigualdad y en donde la resistencia ha estado presente, es la semilla de la rebelión. Hemos sido testigos/as del reclamo a esta violencia en fechas recientes con manifestaciones en las que es patente el reclamo a partir del ejercicio de la violencia por muchas mujeres. ¿Es esto lo que las mujeres buscamos? Ser agresoras, devastadoras o en contraparte llamar a la erradicación de la violencia a partir de manifestarnos pacíficamente. Estos procesos de rebelión y de manifestación en contra de la violencia son una encrucijada para elegir ganar espacios a partir de la violencia o a partir de la acción pacífica de manifestaciones que dé cuenta que las mujeres no queremos acabar la violencia con violencia. ¿Es la destrucción o agresión un medio para lograr erradicar la violencia hacia la mujer?

Es cierto, ya no queremos mujeres violadas, desaparecidas y mucho menos asesinadas.

Es cierto que falta aún trabajar en algunos temas, abatir brechas de género y prejuicios que renacen, pero ahora tenemos opciones de una vida, que quizá nuestras madres no tuvieron.

Es cierto que la violencia llama a la lucha, pero hagamos la elección de una trinchera que dé los resultados deseados.

Nosotras podemos decidir si ejercemos violencia o no, si la rebelión y protesta requiere de caracterizarse por la violencia descontrolada. Los hombres dado el desarrollo de la cultura y los diferentes momentos históricos no pudieron decidir. Nosotras tenemos la oportunidad de hacerlo. Y con esto no quiero decir que el ejercicio de la violencia, de manifestarnos nos esté negado, pero ¿es necesario manifestar el repudio a la violencia con violencia? ¿Hacer destrozos, quemar, electrocutar y golpear? ¿Es lo que queremos? Tomemos decisiones adecuadas, empoderémonos en los espacios y ámbitos que queremos, no a las que nos veamos orilladas por la desesperación y falta de los resultados deseados. Abatir la violencia hacia la mujer es el objetivo, no cambiemos la ruta.

Finalmente pregunto: ¿Acabar violencia con violencia es necesario? Reafirmemos las bases del trabajo combativo para erradicar la violencia con argumentos sólidos, con eventos que impacten como el performance “El violador eres tú”, que obtuvo mayor resultado que las manifestaciones callejeras llenas de violencia y agresión. Recordemos las palabras de Simone de Beauvoir: “Mediante el trabajo ha sido como la mujer ha podido franquear la distancia que la separa del hombre. El trabajo es lo único que puede garantizarle una libertad completa”. Sigamos trabajando en pro de la erradicación de la violencia de manera efectiva, con firmeza.

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