Un cuento eterno del que no podemos salir

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Por Melissa Ramírez González

 

Desde que se decretó emergencia nacional sanitaria por el Coronavirus las reglas de todo han cambiado y no sabemos si esto se detendrá en algún momento.


Hace exactamente 280 días que se decretó emergencia nacional sanitaria por el Coronavirus y desde entonces las reglas de todo han cambiado. No sabemos si la normalidad que conocíamos regresará, no sabemos si esto frenará en algún momento.

Todo comenzó un 23 de marzo. “Se proclama la Jornada Nacional de Sana Distancia…” Solo 24 horas antes de comenzar la fase 2 de la pandemia en el país. ¿Cómo es que comenzó tan rápido? “Bueno, ya saldremos de esta…” lo pensé casi de forma inmediata.

Comencé siendo yo quien preparaba el desayuno, la comida y la cena mientras trabajaba desde casa; mi papá se encargaba de las compras de la despensa y mi mamá nos ayudaba con los deberes de la casa. El diálogo prevalecía, no había nadie que pretendiera imponer algo, todos cooperamos, había respeto y consenso. Ahora en las noticias todo es confusión, mientras unos dicen que no salgamos de casa, podemos percatarnos de la inconsciencia social, las personas en su hartazgo hacen caso omiso a las medidas sanitarias básicas. Beben su cerveza en fiestas clandestinas, hacen compras innecesarias en tiendas de conveniencia abarrotadas de gente.

A los siete días del comienzo de la pandemia, los contagios incrementan cada vez más. De pronto, un mail llega a mi buzón, es mi jefa indicándonos que el trabajo desde casa se alarga indefinidamente. Quizás sea momento de pensar en trabajar desde casa con una visión permanente.

Me siento muy cansada, triste y decaída… Tengo insomnio casi todo el tiempo, Duermo de 3 a 4 horas diarias, la verdad ya no me importa.

Hay fake news por todos lados, estas noticias falsas son generadas y divulgadas desde las redes sociales. ¡Se va a acabar el mundo, nos vamos a morir todos!

A los 44 días del confinamiento eterno, voraz y enfermizo; las risas con mis amigos mientras platicamos por WhatsApp son lo que me ayudan a sobrellevar este aislamiento; las jornadas frente a la computadora se han alargado. Cada conferencia y videollamada se hacen cada vez más pesadas. ¿Por qué termino tan cansada? Hay días en los que apenas puedo dormir. Siento que la vida se me va en llorar desde mi habitación.

Día 73 desde que nos aislaron en nuestra casa… Mi compañero de trabajo falleció a causa del COVID-19… Así nos lo comunicaron, con un mail…  No pude despedirme, ¿en qué momento se contagió? ¿Por qué nos escondieron esos datos? ¿Cuántas personas más en el trabajo están infectadas? … Hay muchas preguntas y muy pocas respuestas. En la televisión repiten como robot que nos quedemos en casa. Pero ninguno nos dice qué sucederá después.

Me siento muy cansada, triste y decaída… Tengo insomnio casi todo el tiempo, Duermo de 3 a 4 horas diarias, la verdad ya no me importa. Se ha hecho una rutina trabajar frente a una computadora todo el tiempo y ya no hablo con mi familia. He preferido aislarme en mi habitación.

Ya ni siquiera prendo la cámara frente a las videoconferencias. No quiero que me vean así. Mis docentes hablan frente a la computadora y pareciera que las voces me susurran a gritos dentro de mi cabeza.

Día 87 de la cuarentena. La fase 3 de la contingencia parece un cuento eterno del que no podemos salir… Las precauciones se agudizan. Cerraron tiendas de abastecimiento en mi colonia. Es una zona de alto contagio. El vecino, hace su tercera fiesta en el mes desde que comenzó todo… ¿QUÉ NO SE DA CUENTA QUE QUIERO SALIR? Tal vez no solo es culpa de él, pero todos necesitamos descargar el enojo y frustración de alguna forma.

Día 100, 105, 106, 107… Los días pasan casi desapercibidos, las imágenes que hay en la televisión se convierten en personas reales para mí. ¡Me siento tan sola! No puedo abrazar a mis sobrinos… Ya ni siquiera prendo la cámara frente a las videoconferencias. No quiero que me vean así. Mis docentes hablan frente a la computadora y pareciera que las voces me susurran a gritos dentro de mi cabeza.

Día 130 de la cuarentena. No aguanto más, me corté y me pinté el cabello mientras el insomnio se apoderaba de mí, mientras la ansiedad crecía como un hongo infeccioso en el pan viejo. ¡Se ve bien! Me dicen algunas personas por las redes sociales… Lo que no saben es que todo esto es un grito desesperado de mi alma por salir corriendo del confinamiento.

Día 200 de la cuarentena…Poco a poco la luz del farol que está afuera de mi ventana ilumina la calle y refleja a la luna, The way I feel de Keane suena en el fondo mientras escribo esto y no dejo de pensar lo mucho que se parece a mi vida actual…

And it’s the voices in your head now

Saying there’s something wrong about the way I feel

A broken link, a missing part, a punctured wheel

It doesn’t matter what you say now

It’s like some vision in the stars that seems so real

The way I feel, the way I feel, the way I feel

The way I feel, the way I feel, the way I feel

Ahora la única pregunta que ronda en mi cabeza es el “cuándo”. ¿Cuándo termina esto?, ¿cuándo podré salir de mi confinamiento?, ¿cuándo podré abrazar a mi familia, mis amigos, mis compañeros?

Preguntas sencillas de formular pero tan difíciles de responder, preguntas que nadie quiere mencionar…