Razón contra emoción: tema de temporada electoral

Por Guadalupe López García


Enviadas al “sótano” o al “diván de la psique”, las emociones tienen historia, contexto y género, por lo que es importante hablar de la experiencia y expresión emocional.


“Cabeza fría y corazón caliente” fue la expresión que utilizó dos veces el presidente Andrés Manuel López Obrador en su conferencia de prensa diaria del 28 de abril de 2021. La primera, al referirse al proceso para aceptar o rechazar la candidatura del senador con licencia, Félix Salgado Macedonio, a la gubernatura de Guerrero por su partido, Morena, y la segunda, por las declaraciones de su consejero jurídico Julio Scherer Ibarra en una entrevista con la periodista Carmen Aristegui.

En el primer caso, al enviar un mensaje a todos los mexicanos; en particular, a los ciudadanos de Guerrero y de Michoacán, que “no se desanimen ni se exalten”: “Hay que actuar con la cabeza fría, aunque se tenga el corazón caliente. En la lucha por la democracia se tienen que enfrentar muchos obstáculos y hay que aprender a evadir el acoso y la provocación”. Dos días antes, Salgado Macedonio había dicho que en su audiencia ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación habló “con la cabeza fría y el corazón caliente”[i].

En el segundo caso, López Obrador expresó: “Y es lo mismo, hay que tener la cabeza fría, aunque se tenga el corazón caliente, además ya empiezan los calores, pero hay que actuar con serenidad, con tranquilidad. La política es el equilibrio entre pasión y razón, cabeza y corazón, equilibrar”. Un día previo, Scherer Ibarra había declarado a Aristegui que para evitar que el presidente viole la “veda electoral”, se les tapara la boca a los reporteros.

Últimamente, el presidente ha vinculado asuntos controvertidos con el proceso electoral de junio próximo. Son temas de “temporada electoral”, ha insistido una y otra vez, como el 8 de enero pasado, en su conferencia de prensa, al referirse a la denuncia por violación de Salgado Macedonio.

El discurso razón contra emoción es el tema por excelencia de todas las temporadas electorales. En los spots de los partidos políticos, se utilizan discursos emocionales para (con)mover al electorado, con las promesas de todo tipo, pero a la hora de votar, piden que lo hagan con la cabeza y no con el hígado o el estómago.

Esta misma columna podría ser otro producto de temporada electoral, ya que es la primera del año. Luego me dicen amigas periodistas, cuando me excuso de no poder escribir tan seguido: “Pues, solo junta tus publicaciones y ya tienes tu colaboración”. Podría contestar: “No es lo mismo. En Facebook, el coraje me gana y escribo lo que me va saliendo; en cambio, una colaboración tiene que ser más pensada, más razonada”.

En realidad, un comentario no es igual a un escrito más detallado, puesto que para este se requiere más investigación, organizar los datos y revisar redacción, entre otros detalles. Y es que la razón y la emoción no se pueden separar, mucho menos para votar ni para tomar decisiones, como lo he comentado en varias racionales y sentimentales columnas[ii]. Repetiré y ampliaré algunas de esas ideas.

Con sus declaraciones del 28 de abril, el presidente da a entender que él y sus seguidores y sus colaboradores son los que tienen la razón (que parte de lo racional, lo bueno, lo correcto, lo objetivo, lo reflexivo, la verdad), en tanto que sus contrincantes o quienes lo critican (más allá de insultos y descalificaciones) son los equivocados (los que se dejan llevar por lo irracional, lo emocional, lo malo, lo incorrecto, lo subjetivo, lo intuitivo, lo falso).

Esta forma de conceptualizar y de debatir nos lo enseñó el discurso de la ilustración (época denominada siglo de las luces) y luego el de la modernidad, con el análisis científico y el pensamiento crítico, pero fue a través de construcciones binarias antagónicas y teniendo a la razón (pensamiento) como la forma de análisis objetiva, en contraposición a las ideas teológicas del llamado oscurantismo de la Edad Media.

Sin embargo, en esta visión hegemónica, no única, del conocimiento, se dejó de lado las emociones; mejor dicho, se ubicaron como una forma —en el mejor de los casos— de contaminar o interferir en una reflexión o en la inteligencia humana, y fueron ligadas más a ese pensamiento mágico, religioso, basado en creencias, que a uno más analítico.

A las emociones “las mandaron al sótano”, señala la especialista y una de las coordinadoras de la Red Nacional de Investigación en los Estudios Socioculturales de las Emociones (Renisce), Oliva López Sánchez, y ya más en estos tiempos —retomándola— las llevaron al diván de la psique (la psiquiatría, el psicoanálisis y la psicología), como un espacio seguro y privado para expresar las emociones.

En estas elecciones, las emociones están más presentes que nunca. Morena tiene la esperanza como bandera, pero todos los partidos utilizan el miedo, que se traduce también en amenaza, para convencer a las y los electores. López Obrador emplea el miedo, el rencor, la amenaza y el perdón, por un lado, y el amor y la felicidad, por el otro, dependiendo a quién va dirigido su mensaje.

Las emociones también fueron clasificadas, jerarquizadas y calificadas: emociones buenas y positivas versus emociones malas y negativas. De igual forma, no hay una definición única, ni siquiera conceptos que puedan aplicarse tal cual: emociones, sentimientos, afectos, pasiones. Oliva López y otras/os investigadores indican que es importante hablar de la experiencia y expresión emocional, porque las emociones tienen historia, contexto y —agrego— género.

El hombre es definido como el sexo racional y las mujeres como el sexo emocional. Pero a los hombres se les otorga y permite simbólica y prácticamente expresar emociones relacionadas con fortaleza, seguridad y valentía (identidad masculina), en tanto que las de las mujeres son las que tienen que ver con la identidad femenina: cariño, ternura, amor. Incluso, desde esta perspectiva, la maternidad se puede definir como una emoción construida social y culturalmente.

Por eso, desde los discursos feministas se busca también deslindar lo emocional de lo racional. Todas pretendemos dialogar con argumentos teóricos, políticos y datos duros, etcétera, pero lo emocional se entiende cuando empezamos a gritar, a llorar o a insultar: “No te calientes, no te enojes, no te alteres”, lo que se traducen en: “Controla tus emociones”, regula, maneja, reprime…

De nueva cuenta cito a Oliva López, de quien he aprendido mucho al revisar sus trabajos, como su libro más reciente: Extravíos del Alma Mexicana. Patologización de las emociones en los diagnósticos psiquiátricos (1900-1940), (Fes Iztacala, UNAM, 2020), quien indica que las emociones están presentes en todo. La cuestión es saber qué emociones se utilizan, cómo y para qué.

Regresando al tema electoral, en mayo de 2018, fecha previa a las elecciones de ese año, después de una llamada telefónica, le envié una carta a Érika Miranda Baltazar, subdirectora de Producción Editorial del Instituto Nacional Electoral (INE), con referencia al libro Uf, ¿y para qué votar?, de Antonio Malpica, Benito Taibo, Rosa Beltrán y Jorge Vargas Bohórquez, editado por este organismo y dirigido a las y los jóvenes. Le expliqué que el INE no podía avalar ese contenido, porque contravenía a sus objetivos institucionales, establecidos en su Estrategia Nacional de Cultura Cívica 2017-2023. Claro, nunca recibí respuesta.

“Dije que la educación es tremendamente necesaria para emitir razonadamente un voto. Pero en realidad bastaría con tener una verdadera comprensión de las propuestas y capacidad de decidir sin sentimentalismos para votar con corrección”, dice Malpica en el capítulo “Mi historia con la democracia y por qué siempre la pido con la salsa aparte”.

En estas elecciones, las emociones están más presentes que nunca. Morena tiene la esperanza como bandera, pero todos los partidos utilizan el miedo, que se traduce también en amenaza, para convencer a las y los electores. López Obrador emplea el miedo, el rencor, la amenaza y el perdón, por un lado, y el amor y la felicidad, por el otro, dependiendo a quién va dirigido su mensaje. Es una especie de moralizador y educador sentimental —retomando a quienes analizan la educación sentimental desde la educación pública, la literatura edificante o las telenovelas— que utiliza la tribuna de Estado más poderosa, en este momento: su conferencia de prensa diaria.

En una conversación con Alejandra Ibarra Chaoul, respecto de su texto: “El monopolio de la perspectiva”, para Pie de Página[iii], le comentaba sobre los debates polarizados en este periodo histórico para el país; entre estos, lo que tiene que ver con las identidades trans. Me respondió que, efectivamente, es necesario analizar desde dónde y cómo estamos discutiendo.

Ese no es el único tema polémico desde el feminismo (ahora se habla de feminismos); en realidad, a lo largo de la historia, se han tenido grandes rupturas teóricas, ideológicas y políticas. En esta etapa a la que se le ha llamado cuarta ola, ha ingresado a esos debates la rabia, que se interpreta como odio; en especial, contra los hombres. Pese a que desde el feminismo se han analizado las emociones, se vuelve a ubicar a la emoción (rabia) como contraria de la razón.

Un elemento más que tiene que ver en cómo y desde dónde estamos discutiendo es el de las relaciones de poder. Desde mi perspectiva, los debates no los ganan quienes tengan la razón ni los pierden los que se enojan. La opinión o decisión que se impone sobre otra es la que se da desde una posición de privilegio, de poder económico, político, social, cultural, de hegemonía ideológica. Por supuesto, el género (como relaciones de poder) lo atraviesa.

La gente se enfoca más en el tema y en las personas, no en cómo se está discutiendo. Desestructurar esta forma de pensamiento será muy difícil, si no se entiende que “la dimensión afectiva está presente en todo tipo de proceso de conocimiento”, como apunta Ana Rosa Pérez Ranzans, del Instituto de Investigaciones Filosóficas, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y que —como lo escribo a cada rato en mi Facebook— si lo personal es político, lo emocional también, de acuerdo con Sara Ahmed.

Notas:

[i] Retomado de: https://www.infobae.com/america/mexico/2021/04/26/con-la-cabeza-fria-y-el-corazon-caliente-felix-salgado-comparecio-ante-tribunal-electoral-horas-antes-de-que-se-decida-su-destino/

[ii] Pueden consultar: https://www.mujeresnet.info/2013/06/me-deje-llevar-por-mis-emociones-gongra.html

https://www.mujeresnet.info/2018/04/sheinbaum-contra-barrales-razon-contra-emocion.html

https://www.mujeresnet.info/2018/05/proceso-electoral-ira-irracional-contra-las-emociones.html

https://mujeresnet.info/2018/12/el-miedo-arma-de-control-contra-las-mujeres.html/

[iii] Disponible en: https://piedepagina.mx/el-monopolio-de-la-perspectiva/

 

Te recomendamos también:

Lenguaje no sexista: más allá de «las y los»

Tulancingo, Oaxaca: cantos y rezos silenciados

Sin las mismas de siempre, hicimos historia

El amor romántico y el desamor de José José

La corrección de estilo: en manos de mujeres