Talentosa, incansable y solidaria: Rita Reséndiz

Por María Esther Espinosa Calderón

 

Fundadora del taller Mujeres Alfareras de Tláhuac y dedicada al rescate de animales, ella es una artista que con sus manos y acciones moldea amor y belleza.



Talentosa, incansable, solidaria, sus manos transforman el barro  en verdaderas obras de arte, Rita Reséndiz volvió a nacer después de los sismos de 1985, cuando su vivienda quedó afectada y ella junto con otros damnificados se fue a vivir a casas de campaña en la avenida Álvaro Obregón. Desde entonces no se ha dado por vencida, perteneció a una cooperativa donde la única mujer era ella: “Mis compañeros no me permitían participar ni tomar decisiones con el dinero ni el trabajo, a pesar de que yo hacía lo mismo que los hombres, desde cargar un bulto pesado hasta soldar, sin embargo ellos eran los que mandaban. Aprendí tanto cuando me impedían participar en labores que creían exclusivas de los varones que tuve la capacidad de formar después mi propio taller por y para mujeres”. Así nació Mujeres Alfareras de Tláhuac (MAT).

Rita cuenta que en aquel entonces no existían los estudios de género como los conocemos ahora, ni términos para definir las actitudes machistas. “No conocíamos nada sobe la equidad de género y todas esas palabras con las que hoy podemos hablar de los comportamientos misóginos y del abuso de poder sobre nosotras”. A las mujeres que llegaron a MAT se les enseñó que ellas podían  clavar un clavo en la madera, levantar bultos, hacer muchas cosas, participaron en todo lo que se requería en el taller.

Desde su fundación impartieron talleres de figuras de barro a grupos vulnerables: mujeres que han sufrido violencia en sus casas, niños y niñas sobrevivientes de abuso sexual,  en condición de calle, en hospitales psiquiátricos, y personas de la tercera edad. Tienen un trabajo especial llamado “Rostros del Olvido”, que está dedicado a las mujeres víctimas de feminicidio. Son 270  rostros que fueron elaborados de tamaño real. Expresan un grito, de dolor, desesperación, rabia e impotencia.

“El barro es una forma de expresar tus sentimientos, las tristezas y las alegrías, en él imprimes tu personalidad”. El 90 por ciento de los modelos que realizan son creación propia. Ellas buscan los espacios para vender su producto, al momento de fabricarlos llevan los cuatros elementos: agua, fuego, tierra y viento.

En el terremoto del 2017 Rita Reséndiz perdió muchas piezas ya hechas y en proceso de producción, se dañó el horno y tardaron meses en reponer todo,  “menos el daño al hornito, eso ha sido más complicado por el costo. Era con el que estábamos trabajando. Ese tiene su historia, lo hice yo después de que me salí de la primera cooperativa”.

‘El barro es una forma de expresar tus sentimientos, las tristezas y las alegrías, en él imprimes tu personalidad’.

Rita sufrió mucho con las pérdidas porque parte de las ganancias las dedica a la manutención de los 20 perros que tiene aparte de los callejeros que llegan a su puerta a pedir de comer o  enfermos o que se los dejan atropellados o maltratados. Los cuida en su casa mientras se alivian y luego trata de darlos en adopción  y si no, vuelven a la calle, porque no tiene espacio para más.

Comenta: “Así como me ves dando de comer a los perritos, traigo una historia, que no creerás María Esther”. Esa historia que comenzó en 1985 y que continúa con su ardua labor de enseñar a otras mujeres a que sí pueden realizar cualquier trabajo por pesado que sea.

Señala que con lo de los perros empezó hace como 16 años con una perrita que atropellaron, “la gente pasaba como si no existiera, la metí a la casa, frente a mi calle tengo un vecino que en ese entonces estudiaba veterinaria y la curó, fue mi compañera durante 16 años”.

Explica que esa zona, en aquel tiempo, era semi rural, la gente se quedaba con la mala costumbre de tener a sus perros en la calle con todas las consecuencias que conlleva un animal de compañía: maltrato, abandono, y reproducción sin control. “Actualmente tenemos a 20 rescatados y dos gatos. Todos esterilizados y vacunados, de los 20 hay ocho viejitos que no tienen posibilidad de ser adoptados. Afuera del taller alimentamos a la misma cantidad todos los días.

“Tratamos de esterilizar a todos, pero por cuestión de espacio solo podemos tener de uno en uno para su recuperación. Los curamos cuando tienen sarna o heridas graves, en la medida de lo posible”.

A la pregunta expresa de quién de los que tiene dentro de casa es su consentido dice: “A todos y cada uno los quiero mucho, pero sucede como con las personas, que siempre hay alguien que empata y simpatiza más con una,  en la manada que está en la casa la consentida es La Negra y en el taller es La Chata”.

Solo Rita y Rosalva Francisco se encargan de los perros, la mayoría de los gastos se pagan con la venta de las artesanías, “cuando no tenemos pedimos ayuda y cuando no llega le pedimos fiado a la doctora”. También se apoyan con el etólogo Andrés Galeana, “que nos ayuda a entrenar a los perros para que se lleven bien y no se peleen entre ellos. Es muy importante para saber controlar a tanto perro y que vivan tranquilos”. La consentida de Rosalva cree Rita que es Luna, una perrita que abandonaron con un bozal y hasta una semana después la pudieron capturar”.  Andrés ha apoyado mucho a Luna por el maltrato extremo que sufrió. “Nos ha enseñado a guiarla”.

Rita viene de una familia numerosa, fueron 8 hermanos,  a pesar de las carencias tuvo una infancia feliz, de niña recibió mucho de las personas por lo que “crecí con la convicción de ayudar también”. Una ayuda que parece interminable porque cada día llegan a su puerta esos seres que no tienen voz y con un ladrido le dan las gracias porque al menos por hoy no sufrieron hambre. Rita es una artista que con sus manos moldea amor y bellezas que plasma en cada uno de sus trabajos y en cada una de sus acciones.

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