Foto: Mariana C. Bertadillo/MujeresNet

Por Ana E. González Caballero
Licenciada en Psicología, con experiencia en el desarrollo e impartición de talleres y pláticas sobre género, prevención, sexualidad y promoción de la salud mental.

 

Es en el contexto familiar, la sociedad, la cultura y el entretenimiento donde aprendemos sobre el amor romántico, que interiorizamos creciendo con ese ideal, y cuando nos enfrentamos a la realidad terminamos lastimadas/os.



El amor es uno de los sentimientos más amplios en el cual podemos encontrar distintas manifestaciones y formas de expresión, sin embargo, también es muy complejo, sobre todo el amor en pareja. Las relaciones de pareja hasta cierto punto suelen ser complicadas, ya que cada persona trae una historia de vida, personalidad, miedos, experiencias, significados, etc., a diferencia de otro tipo de relaciones o de amor. Esto debido a que se pueden manifestar distintos problemas emocionales que ya traíamos o que en ese momento se puedan ocasionar. 

Definir el amor romántico suele ser complejo, cada persona le ha dado su propio significado desde su experiencia, aunque la mayoría de esas explicaciones vienen desde una misma base. Una base muy al estilo Disney: el amor todo lo puede, encontrar a tu otra mitad, el otro/a te va a amar como tú lo/la amas, el amor es para siempre, tienes que encontrar a la pareja fiel, etc. Así por años hemos interiorizado el amor romántico y crecido con ese ideal, y cuando nos enfrentamos a la realidad terminamos lastimadas/os.

El contexto familiar, la sociedad, la cultura y el entretenimiento son de los lugares principales en donde aprendemos sobre el amor romántico, cómo es que debemos de amar, cómo es que debemos de comportarnos, qué debes de decir y qué no. Principalmente vemos reflejados los estereotipos de género; el deber ser como mujer y el deber ser como hombre ante un amor romántico, encontramos que la mujer es la que siempre se ilusiona, la que espera, la que por los hijos se queda, la que espera que la salven, y la que cree que el amor es para siempre; y encontramos un hombre que debe ser protector y proveedor, el que debe dar el primer paso para formalizar, que no puede ser tan sensible, el que no espera sino más bien lo esperan; y todo esto se refleja en creencias, películas, poemas, canciones, religión, y a su vez lo llevamos a nuestra vida. 

Muchas/os nos hemos enamorado desde los mitos del amor romántico y considero que es una de las cosas más peligrosas, como dice José de la Serna: “Creo en el amor como la más elevada de las experiencias, la más enriquecedora, la más liberadora, también la más peligrosa…”  Y tan peligrosa que terminamos en relaciones o con personas que no nos quieren, que nos hacen daño, en donde seguimos dañando al otro/a, volviéndonos dependientes emocionales, violentándonos, y queriendo caber en un lugar que no es para nosotras/os.

Idealizar a la persona y al amor forman parte de ese peligro, aunque cuando iniciamos una relación todo lo vemos perfecto, creemos que tenemos a la mejor pareja, que ahora sí es el amor que tanto estábamos buscando; esta fase de enamoramiento no dura para siempre y la misma relación debe ir evolucionando, sin embargo, muchas personas se quedan estancadas y ven la relación y a la persona desde el ideal y no como realmente es.

En algún momento a mí también me pasó, idealicé tanto a una persona que cuando lo vi sin esas vendas que te da el amor, me sentí decepcionada, creí que él me había engañado, que él había cambiado, no aceptaba la idea que se fuera y quisiera estar con otra persona, pensaba que en algún momento él iba a “recapacitar”, a regresar y todo estaría bien, que yo iba a estar bien; toda esta creencia desde el gran mito del amor romántico, así como pasa en las películas.

Después entendí que lo puse en un lugar que no le correspondía, en ese mismo lugar que ni yo me había puesto, y que simplemente él no me iba a dar lo que yo en ese momento quería, que en realidad nunca cambió y que yo sola me decepcioné, afortunadamente nunca “recapacitó” y lo agradezco porque no es el amor que ahora me gustaría tener.

Al final, el amor romántico es algo aprendido, y así como lo aprendimos lo podemos desaprender y esta vez de manera consciente, sabiendo que queremos quitar esas creencias y esa fantasía,  que nos queremos quitar la venda de la idealización y el pensamiento mágico del amor.

Carol Herrera es una escritora feminista, la cual ha trabajado e investigado sobre los mitos del amor romántico y uno de los tantos puntos que plantea es la comparación de la religión con dicho amor; las personas se basan en el sacrificio para obtener alguna recompensa; es tener la fe o creencia en alguien sin cuestionarlo o sin cuestionarte.

Ahora considero que hemos caído en un pensamiento mágico, terminamos creyendo que alguien va a cambiar sólo porque nos lo dijo, hacemos promesas que ni siquiera sabemos si las vamos a poder cumplir, como el decir que vamos a estar con alguien para siempre, lo decimos como si nosotros como personas fuéramos estáticas y no evolucionáramos; no logramos aceptar el hecho de que alguien ya no nos quiera, terminamos perdonando a la persona que nos hizo daño sólo porque nos da un ramo de rosas o un anillo de “compromiso”, buscamos ser pacientes y aguantamos todo para que la persona amada vea lo valiosa que soy, y esto, porque el amor todo lo puede.

No se trata de tener un amor intenso, de un amor loco, más bien de tener una relación o un amor sano, de entender que para amar no hay que sufrir, sobre todo que el amor no es la solución a todos nuestros problemas.

La mayoría de las situaciones emocionales a las que nos enfrentamos tienen un enfoque multifactorial, así mismo pasa cuando terminamos en relaciones tóxicas; además de la creencia del mito del amor romántico, que es un factor importante, también encontramos factores como la historia de vida, experiencias, educación, personalidad y problemas no resueltos, debido a esto, es importante la salud mental, empezar a ponerla como prioridad, es decir, ponernos a nosotras/os mismas/os como prioridad, en lugar de ocupar toda nuestra atención en si el otro/a te ama, más bien en enfocar nuestra atención en trabajar el amor propio.

Desafortunadamente muchas personas no toman en cuenta su salud mental y emocional, no obstante, cuando la volvemos prioridad entendemos que podríamos evitar muchos problemas emocionales y sobre todo prevenir, la empezamos a ver como una de las bases de los ambientes en los que nos desenvolvemos, incluyendo las relaciones de pareja.

Al final, el amor romántico es algo aprendido, y así como lo aprendimos lo podemos desaprender y esta vez de manera consciente, sabiendo que queremos quitar esas creencias y esa fantasía,  que nos queremos quitar la venda de la idealización y el pensamiento mágico del amor, tampoco se trata de ya no creer en el amor o en una pareja estable, más bien que tus próximas relaciones seas más conscientes, que te cuestiones y que logres tener una relación sana, libre, madura y de compañerismo.

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