Por Adiel Martínez Hernández

 

Los reclamos, las denuncias, los cierres de planteles y demás expresiones de enojo por parte de las jóvenes están mostrando que hoy es posible luchar por erradicar el machismo, la violencia de género y todas las expresiones nocivas de la cultura patriarcal.



Los espacios académicos han sido pieza clave en la difusión de las ideas revolucionarias y de transformación social en la historia de la humanidad. Mediante la discusión y el análisis de la realidad social se han planteado cambios y soluciones a las diversas problemáticas que hemos enfrentado las personas. La intención siempre ha sido mover el sistema hacia un estado de equidad, disminuyendo las asimetrías sociales.

Las instituciones públicas de educación hoy se enfrentan a las demandas de un estudiantado que busca eliminar la violencia de género cuyos efectos recaen principalmente en las mujeres. Situaciones de acoso, abuso sexual, violencia física y verbal han sido denunciadas por las y los jóvenes ejercidas por los profesores, administrativos y compañeros de las escuelas.

Que los reclamos, las denuncias, los cierres de planteles y demás expresiones de enojo comiencen en el alumnado me parece una excelente oportunidad para hacer visible una situación que rebasa ya los espacios tradicionales donde interactúan los adultos. Darnos cuenta que las y los adolescentes están ávidos de un nuevo sistema de género donde las dinámicas sean más justas e igualitarias, abre la posibilidad para la transformación social.

Considero también que no hay mejor forma de educarse que a través de poner en práctica las ideas de cambio que se enseñan en la academia. De ninguna manera es adoctrinamiento, como acusan algunos, sino una toma de conciencia de cómo están las condiciones de nuestro entorno social.

Dos décadas después me enorgullece ver a las jóvenes debatiendo sobre temas de género y feminismo. A los jóvenes formando talleres y foros de discusión para reflexionar sobre su masculinidad. A todos juntos cerrando planteles hasta que no destituyan a los acosadores.

Recuerdo que en mis tiempos de bachiller, mi condición económica me hizo participar sin recelo en las marchas y plantones que exigían la gratuidad de la educación. Ya como universitario participé en el apoyo al movimiento zapatista y de defensa de los pueblos indígenas. A su vez apoyé a los partidos de izquierda que hoy están en el poder.

Dos décadas después me enorgullece ver a las jóvenes debatiendo sobre temas de género y feminismo. A los jóvenes formando talleres y foros de discusión para reflexionar sobre su masculinidad. A todos juntos cerrando planteles hasta que no destituyan a los acosadores. Me congratula también la respuesta de las autoridades de la UNAM mediante la creación de la Coordinación de la Igualdad de Género buscando dar solución a estas demandas.

Las personas de pensamiento conservador consideran que estas luchas son más estériles que las anteriores pues de las otras el cambio apenas se nota. Pero precisamente porque de las otras problemáticas se consiguió una transformación es que hoy es posible luchar por erradicar el machismo, la violencia de género y todas las expresiones nocivas de la cultura patriarcal.

Qué mejor manera que comenzar en las aulas, abriendo espacios para la discusión y el debate. Dando la oportunidad a las jóvenes de manifestar su descontento. Fomentar la cultura de la denuncia para expulsar de los planteles tanto a profesores como alumnos que violenten en razón de género a compañeras y compañeros. Para que esta formación se extienda a los demás espacios sociales cuando los estudiantes pasen a formar parte del entramado social.

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