Los medios y la deuda informativa con las mujeres

Por Josefina Hernández Téllez

 

¿Hay esperanza de un mundo informacional mejor y humano? En este mundo mal llamado informacional y del conocimiento, incongruente y esquizoide, es necesario que las mujeres interpelemos el papel de los medios, su responsabilidad ética y periodística.



En pleno inicio de la tercera década de este siglo, las noticias nos entusiasman y nos agobian, nos esperanzan y nos desilusionan, nos prometen y nos desalientan. La realidad parece bipolar, tan positiva como negativa. Los medios de difusión no ayudan mucho en este escenario casi de esquizofrenia. Tan pronto nos informan de una feria de exposición y venta de alta tecnología como la de inicio de año conocida como “electrónica de consumo”, como sufrimos desgracias naturales como el incendio de gran parte de Australia o los terremotos de Puerto Rico, o los “roces” de guerra entre Estados Unidos e Irán, o peor: el asesinato y homicidio de un niño de 11 años en Torreón, los feminicidios de la niña Fátima Cecilia y de la joven Ingrid Escamilla.

No hay tregua para digerir este mundo informacional. Más allá de cuestiones éticas y periodísticas de la forma y contenidos en los medios, lo cierto es que hay un “bombardeo” constante de buenas y malas noticias, de extraordinarios y terribles sucesos. La duda es cómo la sociedad actual, los individuos de a pie recibimos procesos e interpretamos esta realidad. No hay derecho alguno que nos proteja desde el sentido común y la buena intención de darnos un servicio que no tenga estas extrapolaciones tan fuertes y maniqueas.

Hace unos años en una conferencia sobre las mujeres como objeto de la noticia, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, la especialista Lurdes Barbosa, de la asociación civil Mujeres en Frecuencia, alertaba cómo la prensa nos educaba en el sadomasoquismo pues bien podíamos apreciar una portada que presentaba a una mujer voluptuosa, en paños menores, que motivaba sexualmente, al lado de un caso de sangre y muerte (fuera de un asesinato, de un accidente o cualquier tema violento). Esta “composición” periodística no sólo promovía la cosificación de las mujeres sino una visión distorsionada entre placer y muerte, donde casualmente esa dupla es adversa a las mujeres.

El problema en este sentido es cómo se van filtrando estas ideas, visiones, que refuerzan la estereotipación  o la violencia contra las mujeres, pero también cómo paralelamente los medios informativos nos crean realidades alternas de un “mundo feliz” apostado y sostenido en las nuevas tecnologías y en el consumo que nos acerca al “paraíso” terrenal a través de la promesa de la inmediatez, de la vida fácil y facilitada con celulares, computadoras y automóviles. Vivir para comprar y soñar.

La demostración de alto desarrollo de la investigación y el conocimiento, contrasta con la barbarie, la pobreza, la marginación y la violencia. Esta coexistencia si bien pareciera inherente y “natural” al desarrollo de las sociedades y la humanidad, es incongruente y esquizoide.

Bien valdría “apagar” los medios para reflexionar qué nos merecemos y qué queremos las mujeres en este mundo mal llamado informacional y del conocimiento.

El sobredimensionamiento de los medios en la vida, en la percepción de las cosas y hasta en las aspiraciones de vida son foco rojo sobre la responsabilidad de los medios, de sus dueños, de la no aplicación de leyes como las emitidas en Beijing, capítulo J, sobre el trato y tratamiento de la imagen y la información sobre las mujeres. Más recientemente podemos aludir a los derechos de las audiencias, que hace unos años vienen empujando, debatiendo y defendiendo asociaciones como la Asociación Mexicana de Defensorías de Audiencias (AMDA). En uno y otro caso estos derechos frente a los contenidos, la perspectiva y la difusión indiscriminada se vuelven letra muerta.

El contexto informacional es mínimo, la organización informativa nos ofrece el “caos” y visiones apoteósicas del futuro, pero también cada vez con este estilo que nos segrega de nuestra necesaria participación en lo que queremos y necesitamos ver, leer y escuchar, porque nos ubican como meros espectadores de un mundo que “corre” y “vuela” mientras nos ancla a emociones y percepciones arcaicas de la vida dicotómica y dual de la humanidad que nos pone en blanco y negro, hombre-mujer, bueno-malo, bonito-feo.

¿Y la responsabilidad ética y periodística de los medios? ¿Dónde queda la imparcialidad, la objetividad, la veracidad y el bien común? ¿Y la llevada y traída perspectiva de género? ¿Quién puede poner límites y reglas para no mostrar un mundo parcial, segregacionista y sexista? ¿Hay esperanza de un mundo informacional mejor y humano?

Bien valdría “apagar” los medios para reflexionar qué nos merecemos y qué queremos las mujeres en este mundo mal llamado informacional y del conocimiento. Un dato más que confirma: la banalización, espectacularización y uso político de la movilización de este 8 y 9 de marzo, donde los medios editorializaron, lucraron con las imágenes de las pocas mujeres radicales que pintan y destrozan, pero no cuestionaron el origen de la violencia contra las mujeres y los feminicidios que es multicausal y multifactorial pero básicamente responde a la impunidad, a una violencia estructural y patriarcal, donde los medios juegan papel esencial.

Es hora de interpelar el papel de los medios y las mujeres somos clave en esta lucha y reclamo. Tiempo de mujeres en este frente también.

 

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