VIH-Sida: miedo a tenerlo, a decirlo, a vivir con el estigma

Por Ana E. González Caballero
Licenciada en Psicología, con experiencia en el desarrollo e impartición de talleres y pláticas sobre género, prevención, sexualidad y promoción de la salud mental.

 

Después del diagnóstico, ¿cómo viven las personas su sexualidad?, ¿cuál es el significado que ahora dan a su vida y a la enfermedad misma?


Cuando decidí que me iba a titular por tesis estaba segura que quería abordar un tema relacionado con psicología de la salud, hasta que opté por investigar sobre VIH y sexualidad, después de un año y medio de trabajo, de estar enfocada con la investigación, de pasar estrés, desesperación, emoción, curiosidad, por fin en febrero del 2019 fue mi examen profesional, recuerdo que estaba muy nerviosa (han sido los nervios más intensos que he sentido) y tenía mucho miedo a no saber responder algo, a que me equivocara o a no poder explicar toda la tesis en 20 minutos.

Una semana antes me preparé mucho para estar frente a los sinodales, preparé todas las posibles preguntas que me pudieran hacer, me enfoqué en controlar mis nervios; así que el momento llegó, todo estaba fluyendo, me sentía muy segura, hasta que una de las sinodales me dijo que explicara el VIH desde la perspectiva de género, sinceramente no recuerdo qué contesté pero estoy segura que no contesté bien, así que en está ocasión trataré de explicarlo.

No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché del VIH/Sida pero creía que sabía de qué se trataba, sabía la forma de transmisión que era lo importante, sin embargo, cuando empecé a investigar sobre el virus me di cuenta que en realidad no sabía nada. Hay un mundo de información, desde las cuestiones biológicas y de salud, prevención, sexualidad, impacto emocional e impacto social; de todas las enfermedades crónicas considero que el VIH carga un estigma impresionante y no por falta de información, información hay y mucha, más bien el gran problema es el machismo.

Aunque las historias eran diferentes, todas las personas llegaron al mismo punto, miedo a ser discriminadas por el estigma social y eso las llevaba a tener un proceso emocionalmente más débil.

Durante la investigación estuve trabajando con ocho personas, de quienes pude conocer su historia, las cuales me brindaron la confianza para contarme cómo había cambiado su vida después del diagnóstico, cómo vivían su sexualidad, el significado que ahora le daban a su vida y al mismo VIH. Aunque las historias eran diferentes, todas las personas llegaron al mismo punto, miedo a ser discriminadas por el estigma social y eso las llevaba a tener un proceso emocionalmente más débil. Para ese entonces, unas ya llevaban más de cinco o diez años con el diagnóstico, otras a penas un año y otras menos de un año, eso hacía que el grupo fuera más enriquecedor, así que unas estaban más empoderadas con su diagnóstico y ya veían al VIH como parte de su vida y otras (la mayoría) aún no llegaban a ese punto, aún tenían muchas preguntas, demasiada culpa, muchos miedos, bastante incertidumbre y físicamente aún no lograban establecer la enfermedad.

Así que cuando conocí a estas ocho personas volví a replantearme el tema y me di cuenta que en efecto, no conocía nada del VIH y mucho menos del Sida, y una de las tantas cosas que comprendí con ellas, es que hay dos opciones al ser diagnosticadas y seguir el tratamiento, una es que el VIH puede ser tu aliado, no darte problemas y que te puede dejar tener una calidad de vida, o por otro lado, simplemente destruirte y terminar con tu vida. Desafortunadamente me tocó ver la segunda opción y no con las personas del grupo, sino con una persona cercana a mí, ver cómo el Sida llegó a ser tan cruel y destruirla de todas las maneras posibles, desde físicamente hasta emocionalmente y finalmente ver cómo poco a poco se apoderó de su cuerpo y de su vida.

¿De qué muere la persona que tiene VIH? ¿De un sistema inmune debilitado? ¿De miedo? ¿De falta de adherencia a sus medicamentos? ¿De discriminación? ¿De machismo? Claramente existe una explicación médica para ello, pero, si lo analizamos desde una perspectiva social podemos encontrar muchas respuestas relacionadas al estigma: el hecho de discriminar a una persona solo por tener VIH, el que una persona no tenga educación sexual ni autocuidado, que por miedo no vaya a hacerse la prueba a tiempo, que no pueda decir abiertamente que vive con VIH, y sobre todo, miedo a la sociedad ignorante.

¿De qué muere la persona que tiene VIH? ¿De un sistema inmune debilitado? ¿De miedo? ¿De falta de adherencia a sus medicamentos? ¿De discriminación? ¿De machismo?

Se piensa que los hombres y las mujeres homosexuales son el único grupo que puede contraer VIH, cuando no es así, cualquier persona que tenga una vida sexual activa no protegida puede infectarse de VIH, desafortunadamente las y los homosexuales forman parte de ese grupo “vulnerable” para la sociedad y además del problema de género que puede haber al momento de abordar este tema, de igual manera se hace presente la orientación sexual.

Y con todo esto, ¿cómo se abordaría el VIH y la perspectiva de género? Principalmente, abrir el tema y sobre todo las campañas de prevención a todos, hombres y mujeres sin importar su orientación sexual, aunque la prevalencia sea para personas homosexuales, también es necesario enfocarlo a mujeres y hombres heterosexuales, no sólo las parejas homosexuales se infectan por el virus del VIH, también las parejas heterosexuales lo hacen; así mismo, que no haya discriminación y diferencia al momento de su atención.

Sin embargo, la realidad es otra, hablar de no discriminación y no diferencia entre hombres y mujeres infectados por VIH pareciera ser un ideal y al final se vuelve algo complejo, porque nuevamente llegamos al mismo punto del machismo, de la ignorancia de las personas que da como resultado la discriminación y esto repercute en las personas como miedo, miedo a tenerlo, miedo a decirlo, ¿por qué hay que ocultarlo?, ¿por qué tener que decir que falleció de otra cosa?, ¿por qué tener que huir de relaciones de pareja?

¿Por qué hay que ocultarlo?, ¿por qué tener que decir que falleció de otra cosa?, ¿por qué tener que huir de relaciones de pareja?

Ahora bien, el caso de las mujeres que viven con VIH, no está alejado de la realidad, de acuerdo con ONUSIDA, las mujeres que tienen el virus la mayoría vive violencia, dentro de sus relaciones de pareja tienen dinámicas de poder desiguales y eso se ve reflejado en la parte sexual: ¿no usar condón porque él no quiere?, que las prácticas sexuales y “cuidados” sean como él quiera… desafortunadamente no tienen capacidad de decisión, posiblemente una autoestima y amor propio dañado, se sienten sometidas al tener que acceder a todo lo que su pareja diga o proponga, y además tener que aguantar las infidelidades de sus parejas, y a todo esto le añadimos que algunas mujeres se enteran de su diagnóstico cuando su pareja está muriendo por Sida, otras porque se embarazan, y algunas otras con diagnósticos tardíos, ya sea por falta de recursos o falta de educación sexual.

En el caso de hombres, cambia de ser diagnosticado a un hombre homosexual o a un hombre heterosexual, ya que como lo mencionaba, el hombre homosexual forma parte de ese grupo “vulnerable”; además de cargar con ese estigma social de ser homosexual, que posiblemente ha recibido rechazos y discriminación por su orientación sexual, ya sea por parte de su propia familia, amigos o la sociedad en general, ahora hay que añadirle que es hombre homosexual que vive con VIH, el estigma se vuelve aún más grande. Por otra parte, para los hombres heterosexuales, se manifiesta diferente, sin ninguna carga social, sin ningún estigma, sin embargo, pueden tener poco autocuidado, por querer mostrar su “virilidad” teniendo muchas parejas sexuales sin protección, además que gran cantidad se enteran de su diagnóstico cuando ya están en fase de Sida.

Finalmente, aunque pareciera que hay diferencias entre hombres y mujeres con VIH, algunas situaciones no son exclusivas de cada género, desafortunadamente se esperan expectativas de conductas por cada uno. La realidad es que todos, hombres y mujeres debemos de empezar a informarnos y a tener una educación sexual, una mente más abierta y sobre todo entender que nadie cuidará o será responsable de nuestra sexualidad sino nosotros mismos, de igual manera dejar de creer que no nos pasará, que eso sólo es de homosexuales, todos somos propensos y más si no tenemos los cuidados necesarios.

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