A 100 años de su muerte. Venustiano Carranza y las mujeres modernas de México

Por Elvira Hernández Carballido

 

Las mexicanas que se reconocieron como carrancistas, encontraron a un aliado, con quienes obtuvieron tres avances significativos para la condición femenina nacional.


Venustiano Carranza fue asesinado el 21 de mayo de 1920, ya era el presidente de México y había marcado la pauta durante la Revolución Mexicana de tal forma que su presencia fue definitiva para la promulgación de la Constitución de 1917. En el homenaje que se ha hecho para conmemorar los 100 de ese suceso, ha sido importante relacionar su figura con las mujeres mexicanas de aquella época.  

Si bien, de la que más se ha recuperado ha sido de Hermila Galindo, no fue la única, alrededor de este caudillo hubo muchas voces femeninas, un grupo representativo de mujeres modernas.

Por supuesto, es justo y necesario empezar con los textos de Galindo, recuperados por varias investigadoras, donde se confirma lo cercana que estuvo a las acciones del caudillo. Así, en su libro titulado La doctrina Carranza y el acercamiento indolatino (1919) en las primeras páginas de dicho texto, ella va diseminando características que determinan la personalidad del caudillo:

  • Moisés moderno.
  • Genio de asombrosa clarividencia.
  • Grandeza inquebrantable.
  • Su principal virtud fue saber ser un hombre de su tiempo.
  • Afianzó los sueños de Bolívar.
  • El pueblo debe demostrar estar a la altura de su caudillo.
  • Visionario sublime.
  • Libertador con características casi divinas.
  • Redentor de América.
  • Su doctrina es la salvadora de los pobres de espíritu.

Esperanza Tuñón y Juan Iván Martínez Ortega analizan con profundidad la perspectiva de Hermila Galindo hacia la doctrina carrancista. Destacan el compromiso feminista de quien fundara la publicación La Mujer Moderna y fuera secretaria del caudillo, relación que le permitió aproximarse al mundo político nacional y aprovechó esa plataforma para difundir sus ideas no solamente a favor del jefe revolucionario sino también del feminismo.

La perspectiva de Hermila queda más transparente al fundar en 1915, La Mujer Moderna, una publicación que intentó combinar la causa de las mujeres y la lucha revolucionaria, el feminismo y el carrancismo, la feminidad y la revolución. La publicación tuvo una corta duración y se caracterizó por centrarse en tres aspectos:

  1. El reclamo del reconocimiento de la participación femenina durante el proceso de la revolución constitucionalista.
  2. El reconocimiento a todas las acciones carrancistas.
  3. El esfuerzo por mantener una línea editorial identificada con el feminismo.

En este contexto, aparecieron dos periódicos El Pueblo y El Constitucionalista,

identificados con la figura de Carranza y donde un grupo de articulistas, la mayoría intelectuales importantes del momento como Rafael Martínez, Luis Cabrera, Félix F. Palavicini, Heriberto Frías, Heriberto Barrón, Irineo Paz y Juan Sánchez Azcona entre otros, mostraron abiertamente su simpatía hacia Don Venustiano.

El compromiso feminista de quien fundara la publicación La Mujer Moderna y fuera secretaria del caudillo, relación que le permitió aproximarse al mundo político nacional y aprovechó esa plataforma para difundir sus ideas no solamente a favor del jefe revolucionario sino también del feminismo.

Resulta importante señalar la gran apertura que tuvieron las mujeres en dichas publicaciones carrancistas. En efecto, no existe una de ellas en donde no aparezca por lo menos el texto de una periodista, entre ellas podemos mencionar además de Hermila a Cecilia Zadi, Esperanza Velázquez Bringas, Rosaura Lima Téllez, Guadalupe Narváez, Elena Torres y Julia Nava. Otras mujeres que si bien no escribieron en las publicaciones carrancistas se dedicaron a la tarea de distribuirlas de mano en mano por toda la ciudad como lo hicieron Adelaida Mann y María de los Ángeles Contreras. También algunas mujeres aprovecharon el periódico para dar a conocer sus aptitudes literarias como Sarah Lorenzana, Elisa Ros y Laura Méndez de Cuenca. La mayoría de ellas dedicaba sus poemas a Carranza.

Sin embargo, no fueron ajenas a la vida política y a los sucesos de la época. Así, en abril de 1915, Lucina García hizo una fuerte crítica a Flores Magón. Ella se basó en un texto que el periodista había dado a conocer y en el que la incomodaba su “veneno, su estilo crítico y pérfido”. La citada mujer lamentaba no ser una política, pero afirmaba que por simple patriotismo sentía que debería responder a ese hombre que a su juicio carecía en absoluto de “Amor Patrio”. Argumentaba que Flores Magón no tenía derecho de opinar de la situación nacional porque huyó del país y era un traidor que desde la cómoda lejanía criticaba a los que se habían quedado a luchar pese a todos los peligros que enfrentaban a diario. Lo que más indignaba a la colaboradora era que criticaba “bajamente el Plan de Guadalupe y al jefe supremo Constitucionalista que ha demostrado al mundo entero ser un patriota, un hombre de carácter y cerebro claro que enfrentó y venció al Chacal de Huerta”. Indignada cuestionaba reiteradamente si no le avergonzaba criticar a hombres “puros, patriotas y honrados”.

Sin duda, Carranza integró a las mujeres en su política y en sus acciones mostró el respeto, la tolerancia, la paciencia y las coincidencias con este grupo de mujeres mexicanas.

Por sus constantes colaboraciones, mención especial merece “Cecilia Zadi”, cuyo verdadero nombre fue Haidée Escobar de F. Díaz, pero que siempre firmó con el seudónimo, se distinguió de las periodistas de la época por abordar temas que otras de sus contemporáneas no habían tratado. Así pues, sus colaboraciones reflexionaron en torno al ámbito político. De 1915 a 1916 insertó trece artículos periodísticos. En todos ellos demostró su total adhesión al constitucionalismo y su absoluta admiración por Carranza. En su primer texto publicado que se tituló “Labor de odio”, 15 de mayo de 1915, hizo referencia al odio político, que lo consideraba un sinónimo del odio mortal. Argumentaba que muchos hombres que luchaban en la revolución los movía únicamente ese sentimiento, por lo que actuaban por pasión y no por convicción, su finalidad era acabar para siempre con el otro y no lograr la libertad del pueblo. Aseguraba que no la asustaba el “sangriento recorrido realizado en esta lucha política” pero que no aceptaba los bajos instintos motivados por rencores personales. A su juicio, el único que actuaba con un verdadero compromiso para remontar a la libertad era Carranza.

Poco después, el 21 de junio del mismo año, la también poeta escribió “Resurrección de la nacionalidad”. Desde su punto de vista la esperanza del legítimo anhelo revolucionario empezaba a cristalizarse y que la mayoría de la gente empezaba a reconocerlo. Pero mostraba gran preocupación por la presencia de Estados Unidos en el Puerto de Veracruz.  Por lo mismo enfatizaba la importancia del nacionalismo y exhortaba a la población a identificarse con su país, a valorar su cultura y sus costumbres. Nuevamente consideraba a Carranza como el hombre que lograría unificar a la nación, e incluso lo comparaba con otros héroes y consideraba que él sí lograría un absoluto nacionalismo que beneficiaría a México en todos los aspectos. Su admiración por el Primer de Jefe fue continua, siempre lo llenó de adjetivos y alabanzas.

Don Venustiano cabeza civil de la revolución legalista, estrechado por inmenso gentío que acudió a saludarlo, apenas tenía espacio para respirar… y marchó hacia el Palacio Nacional profanado llevando en sus manos la enseñanza nacional y el estandarte memorable del apóstol sacrificado por la reacción… y se preparó a restaurar los derechos populares. A ninguno mató, a ninguno hizo guillotinar, no hubo ajusticiados. No hubo desapariciones, ni hubo represalias. La prudencia de Carranza y su sabia determinación ante la nueva actitud de los disidentes del Norte, no dio tiempo a sus enemigos para provocar contra él un descontento que ni uno solo de sus actos le había concitado.

Su apoyo al constitucionalismo quedó nuevamente plasmado en “Hagamos obra santa”, “Prudencia política”, “Sin autonomía no hay honor” e “Himno al caudillo”, este último un poema. Al respecto mostró sus dotes al dar a conocer las inspiraciones tituladas “Ante el pretorio”, “El arte” y “Luz y sombra”. También reflexionó sobre temas como la verdad, el statu quo americano y la ciudad de México. Cecilia Zadi pese a no reflexionar sobre la situación femenina fue una de las pocas periodistas que en un diario de circulación nacional comentaba diversos temas, daba a conocer su simpatía por un caudillo y trataba de persuadir a los lectores para ver en Carranza al hombre que México necesitaba. Fue muy representativo que Zadi fuera una de las pocas mujeres que dio a conocer su opinión sobre la recién firmada Carta Magna. En su texto titulado “Éxito Nacional”, la articulista define la palabra éxito como la terminación feliz de toda empresa. Por lo tanto, no dudaba en afirmar que el Gobierno Provisional de la República gozaba de un absoluto éxito que era celebrado en todo el país. No dudaba que el Congreso Constituyente representaba al máximo todas las aspiraciones democráticas del pueblo mexicano. Los caudillos del constitucionalismo, aseguraba, habían logrado vencer prejuicios, ataques, rechazos y juicios prematuros porque habían tenido fe en su lucha.

Venustiano Carranza comprendió la importancia de contar con el apoyo de las mujeres, por ello las integró a su propuesta, entre él y ellas se hizo un pacto donde la propaganda de la doctrina carrancista les permitía difundir sus ideales feministas.

Sin duda, Carranza integró a las mujeres en su política y en sus acciones mostró el respeto, la tolerancia, la paciencia y las coincidencias con este grupo de mujeres mexicanas. Por ello, sus siguientes acciones fueron determinantes en la transformación de la población femenina de México.

a) La ley del divorcio. Mientras algunos biógrafos señalan que la Ley de Relaciones Familiares expedida por Venustiano Carranza en 1915, fue por una cuestión personal -querer divorciarse-, un número representativo de trabajo considera que esta acción se logró gracias a la influencia de Hermila Galindo y su perspectiva feminista. Fue así como se reconocía el divorcio, sobre todo para apoyar a las mujeres mexicanas.

b) Las mujeres en todos los campos de batalla. La presencia femenina que apoyó a Carranza estuvo latente en los enfrentamientos bélicos y sin dudarlo tomaron las armas, otras fueron espías o transportaron armas, algunas más se ofrecieron como correo. Cada una a su manera, formó parte de diferentes campos de batalla. El Jefe Máximo extendió un decreto en 1916 que obligaba a cualquier habitante, incluyendo a las mujeres, a recibir instrucciones militares. Sin embargo, ese mismo año emitió una circular donde se especificaba que las mujeres no podían recibir grados militares. Aspecto que al parecer no cumplió pues hay datos que a algunas de ellas sí, como la profesora María Teresa Rodríguez, quien fue nombrada coronela por el mismo caudillo. Entre las que tomaron las armas defendiendo al bando constitucionalista puede mencionarse a María Encarnación Mares (Chonita), María Martínez viuda de Ganda, Josefina Arce, entre otras.  

c) El feminismo. Las cuestiones feministas, sobre todo enarboladas por Hermila Galindo, nunca fueron cuestionadas ni rechazadas por Carranza. Fue así como la causa constitucionalista y feminista, fue integrada también por otras mujeres como Elena Torres Cuéllar, Elvia Carrillo Puerto, Rosa Torre González, Atala Apodaca Anaya, Esperanza Velázquez Bringas y María Ríos Cárdenas. Su trabajo fue reconocido e importante para la causa. Las feministas fueron respetadas por Carranza, se dio cuenta que, al difundir sus ideales, ellas lo harían con su proyecto político.

Sin embargo, pese a que las mujeres mexicanas ya participaban en la vida política del país, la Convención de Aguascalientes rechazó la propuesta de Hermila Galindo de permitirles votar, argumentando que todavía no estaban preparadas para ello. Por lo que, si bien el 5 de febrero de 1917 marcó un gran avance en la vida nacional, a las mujeres mexicanas les quedó a deber. Bien señala Guadalupe Cruz Jaimes:

La Revolución Mexicana encontró en la promulgación de la Constitución Política del país su principal cauce, a través del cual se inscriben por primera vez los derechos de las mujeres en la Carta Magna, como la igualdad legal, derechos y deberes.

La personalidad jurídica de las mujeres para firmar contratos, administrar sus propios bienes y negocios, para asumir la patria potestad sobre hijos e hijas y la igualdad de salarios por igual trabajo, son el resultado de años de lucha, sudor y esfuerzo de las mujeres revolucionarias que, yendo contracorriente, se impusieron al recato de la época y se cargaron de armas y valía.

Sin embargo, la Revolución Mexicana, proceso que significó un parteaguas en la historia de nuestro país, quedó en deuda con las coronelas, las mensajeras, las soldaderas, enfermeras y voluntarias que contribuyeron al triunfo, a quienes no le confirió el derecho al voto y a ser elegidas para ocupar cargos de representación.

Pese a ello, Venustiano Carranza comprendió la importancia de contar con el apoyo de las mujeres, por ello las integró a su propuesta, entre él y ellas se hizo un pacto donde la propaganda de la doctrina carrancista les permitía difundir sus ideales feministas. Nadie abusó de ello, cada participante sumó a su causa. A mi juicio, las mexicanas que se reconocieron como carrancistas, encontraron a un aliado, con quienes obtuvieron tres avances significativos para la condición femenina nacional. Es así como yo considero esta relación un acuerdo simbólico, mientras ellas lo apoyaron, podían exponer sus inquietudes, entre ellas el feminismo.

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