Margit Frenk y sus 95 años (Coplas del amor feliz)

Por Lucía Rivadeneyra

 

De origen alemán, pero ‘más mexicana que los tejocotes’, tiene una amplia obra de investigación del habla popular de México y es profesora de la Facultad de Filosofía y Letras, de la UNAM, entre otras actividades.


Para Rafael Vargas

Sueño que te estoy besando,
pero tú desapareces;
para volverte a besar
tengo que dormir dos veces. (1-488)

Margit Frenk es más mexicana que los tejocotes y los xoconostles. Nació en Hamburgo, Alemania, en 1925, pero vive en México desde 1930. Conoce este país, que hizo suyo, de norte a sur y de este a oeste porque sabe de los sentimientos y del habla popular de los mexicanos. Con una amplísima obra de investigación, con una pasión desbordada por el trabajo, con una sonrisa constante, este 21 de agosto cumplió 95 años.

Margit Frenk es incansable. Realizó una obra grandiosa: Corpus de la antigua lírica popular hispánica, Siglos XV a XVII. No conforme con eso, años después publicó el Nuevo corpus. Asimismo, ha publicado decenas de trabajos de investigación sobre El Quijote, la oralidad, las jarchas mozárabes y otros muchos textos. Su sencillez y humildad, en el mejor sentido, han hecho de ella una Maestra (con mayúscula) entrañable. Decenas de alumnos la siguen y abrevan en su experiencia y sabiduría.

Dirigió por décadas a un gran equipo de investigadores y a decenas de colaboradores, para que viera la luz el Cancionero Folklórico de México (CFM). Una compilación extraordinaria de la lírica popular mexicana, con más de nueve mil coplas. El tomo I corresponde a las Coplas del amor feliz y el II a las Coplas del amor desdichado y otras coplas de amor (ambos de 1975); el III, compila Coplas que no son de amor (1980); el IV se refiere a Coplas varias y varias canciones (1982); y el V es la Antología, glosario e índices (1985); todos editados por El Colegio de México.

Me gusta la flor del café,
por lo bonito que huele;
tanto suspirar por ti,
que hasta el corazón me duele. (1-385a)

El CFM es un trabajo intemporal y es una provocación. Con él puede suceder lo que ocurre, a veces, en el amor: cualquiera se puede acercar a él, pero ya no se le puede soltar y jamás se olvida. Ilumina, da alegría y certezas sobre quiénes somos. Nos vemos reflejados ahí en nuestras emociones. Las coplas revelan la cultura que tenemos en todos los sentidos, respecto al amor, el desamor, la sexualidad, la muerte, la vida, el humor, el sufrimiento, el regocijo, el recuerdo… es decir, la vida. Sí, la vida está en estas composiciones poéticas largamente buscadas por todo el país.  

Su sencillez y humildad, en el mejor sentido, han hecho de ella una Maestra (con mayúscula) entrañable. Decenas de alumnos la siguen y abrevan en su experiencia y sabiduría.

Las coplas elegidas para recordar hoy a Margit en su cumpleaños y gozar su trabajo monumental fueron las del tomo I, que corresponden al amor feliz porque cuando el amor se da así se disfruta, se goza, se antoja y fueron escogidas prácticamente al azar. “Lo que las coplas folklóricas mexicanas relatan una y otra vez son sucesos tan imaginarios como fantasiosamente divertidos, de doble sentido a veces, inocentes otras”, afirma Frenk.

A mí el confesor me dijo (Llorona)
que te olvide y no te quiera;
suspirando yo le dije (Llorona):
“¡Ay, padre, si usted la viera!” (1-1883)

Desde la primera vez que vi a Margit, sonreía y todas las siguientes veces, también. Quizá su sonrisa refleja el corazón de una mujer que ha hecho durante toda su vida lo que ha querido: cantar, coordinar grupos de trabajo, dar clases en diversos espacios, viajar, ser madre, presentar libros, moderar mesas, tocar un instrumento, fundar revistas, investigar, investigar, investigar… Verla en los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras, de la UNAM, levanta el ánimo de quien sea.

Las estrellitas del cielo
quise una noche contar,
pero no conté tus ojos,
y salió la cuenta mal. (1-196)

Dentro de un curriculum casi inabarcable, se puede decir que es maestra en Letras por la UNAM y doctora en Lingüística y Literatura Hispánica por El Colegio de México; tiene doctorados honoris causa por la Sorbona y por la Universidad de Sevilla. Ha impartido clases en diversas universidades del mundo. Ha recibido decenas de reconocimientos. Fue becaria de la John Simon Guggenheim Foundation. Entre 1989 a 1992 fue presidenta de la Asociación Internacional de Hispanistas. Desde 1993 es Investigadora Emérita del Sistema Nacional de Investigadores. Fue la tercera mujer que ingresó como  miembro de número a la Academia Mexicana de la Lengua, en 1993, con un discurso memorable: “Charla de pájaros”, en el que hace una revisión extraordinaria de cómo aparecen las aves en las coplas mexicanas y en el que cita alrededor de 50 coplas sobre aves. A este texto se puede acudir en cualquier momento. Por supuesto, hay miles de coplas que bajo su dirección se compilaron y  que nos pueden hacer felices.

Eres un águila real,
que en el pico lleva flores
en las alas azucenas
y en el corazón amores. (1-99)

Entre algunos de sus brillantes comentarios en aquel discurso, la doctora señaló: “En materia de pájaros tenemos, pues, una base heredada del folklore hispánico. Sin embargo, por lo que he podido ver, en otros países de habla española y portuguesa casi siempre las aves se nos presentan, no con su propia identidad de pájaros, sino como clara metáfora del hombre o la mujer, y además el repertorio de pájaros y de situaciones protagonizadas por ellos es mucho más limitado. Ciertamente, en la Península Ibérica no existe, ni de lejos, la enorme abundancia y variedad de coplas con pájaros que hemos podido comprobar en el folklore poético mexicano, ni el relieve ni la personalidad que en ellas tienen las aves, ni el regodeo en sus colores. ¿Cómo explicar todo esto?

“Parece que no hay más que una explicación posible: la herencia indígena…  las aves y las flores tuvieron un papel predominante… asociadas casi siempre a la poesía y al canto… Híbridos de ave y ser humano, los pájaros del folklore poético mexicano lo son también de dos culturas que, en ellos, se conjugaron asombrosamente”.

Eres mi paloma blanca,
y yo tu pichón azul;
arrima acá tu piquito,
y haremos “currucucú”. (1-1549)

Margit Frenk ha llegado a los 95 años con una dignidad irreprochable. Su calidez es mágica, su actividad única. La vida, creo, ha sido generosa con ella y ella le ha sabido corresponder porque es una apasionada. Sí, solamente una mujer apasionada por la voz, por la palabra, por el trabajo que la hace feliz es capaz de lograr una obra como la que ha realizado. ¡Salud, Margit! Te admiramos, te queremos.

Frenk, Margit. Cancionero Folklórico de México. Coplas del amor feliz. (1998). Tomo I. Colegio de México. México, 425 pp.

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