Covid-19: rastrear el origen

Imagen: MujeresNet

Por Georgina Ligeia Rodríguez Gallardo


La salud pública tiene entre sus objetivos la vigilancia, regulación, promoción y prevención de la salud de la comunidad, pero la pandemia por Covid-19 ha venido a desenmascarar la poca o nula importancia que el debilitado sector salud ha tenido en el mundo.


La salud pública tiene entre sus objetivos la vigilancia, regulación, promoción y prevención de la salud de la comunidad. En resumen, mantener la salud integral de la persona en comunidad. El surgimiento de la pandemia COVID-19, nueva enfermedad provocada por un coronavirus altamente contagioso, ha venido a desenmascarar la poca o nula importancia que la investigación y el debilitado y arruinado sector salud han tenido en nuestro país, pero también en el mundo; unos más, otros menos, pero al final de cuentas limitados.

La pandemia evidenció las grandes diferencias y contrastes en un tema que debería de ser fundamental: la salud pública. Como consecuencia salieron a flote las carencias de nuestro país, además patentizó la incompetencia para enfrentar situaciones críticas en este caso en salud; se convirtió en un tema político ocultando, engañando y con grandes contradicciones en las mediciones y acciones para emprender. La falta de liderazgo en todos los niveles ha propiciado que la población tome su propia decisión bajo la necesidad de trabajar, la excusa de cansancio del confinamiento y la poca valoración de la vida desencadenó que las personas cierren los ojos a la realidad y salgan con imprudencia a contagiarse.

Ante todo esto, me he planteado la pregunta: ¿Se hubiera podido prevenir? El paciente cero de la enfermedad de COVID-19 no ha sido localizado. Sabemos de la importancia de identificarlo. Quizá la presencia del virus se debe a que lo buscan en fechas cercanas a la propagación en Wuhan, China. Distintos países han realizado el rastreo y surgen investigaciones de que el COVID-19 ya se encontraba desde varios meses previos a noviembre-diciembre de 2019, antes de que se esparciera en Wuhan, China. En Francia se localiza un paciente en diciembre de 2019 y se tienen indicios desde noviembre[1].  Se plantea la hipótesis de que la propagación se inició en los Juegos Mundiales Militares de Verano que se realizaron en Wuhan, China del 18 al 27 de octubre de 2019.

Ante todo esto, me he planteado la pregunta: ¿Se hubiera podido prevenir? El paciente cero de la enfermedad de COVID-19 no ha sido localizado.

En el caso de Italia se localizaron muestras del virus SARS-CoV-2 en las aguas residuales de Milán y Turín en diciembre de 2019. Recordemos que el virus surge en la temporada de influenza, por lo que pudo pasar desapercibido y oculto en otra enfermedad (Influenza H1N1). Además pudo tratarse de una carga viral baja y menos contagiosa. Por otra parte, de los primeros casos en Italia, región de Véneto, ninguno estuvo en China ni en contacto con personas que estuvieran en China,[2]  por lo que no se tiene explicación de cómo se dio la enfermedad.

En México no se conoce si se han hecho rastreos de que el virus de Coronavirus estuviera antes de ser identificado en China. Es por ello que realicé un análisis de las estadísticas de morbilidad y mortalidad. Es probable que si se efectuara en México una investigación de los casos de neumonía atípica o de influenza encontraremos casos desde enero 2020 o diciembre 2019. Y que debido a las mutaciones que ha presentado el virus de coronavirus se tornó más y más contagioso.

En México durante 2018 se registraron 61,484 casos de influenza y en 2019 un total de 89,460 casos; lo que significa un incremento del 45%. En cuanto a neumonía y bronconeumonía en 2018 se contabilizan 117,731 casos y en 2019 un total de 136,781[3], un incremento de 16%.  En el caso de tuberculosis respiratoria, de 2018 a 2019 también se dio un importante crecimiento al pasar de 17,558 a 19,794, un incremento de 5.4%. Ahora bien, me dirán que es normal el incremento de estos casos, pero no lo creo; de 2017 a 2018 los casos de influenza decrecieron en  -9.44%. Algo se estaba gestando que no se identificó a tiempo. Se catalogaron los casos bajo lo conocido, sin analizar los casos e identificar o diferenciar de las otras enfermedades. Puede ser que finalmente el virus mutó y se volvió más contagioso y peligroso. Es probable que esto también ocurriese en otros países.

Ahora, si contrastamos lo ocurrido en la epidemia de Influenza H1N1  en 2009, podemos aventurar la hipótesis de que en ese momento la enfermedad fue identificada a tiempo, ya que los datos no nos anuncian ningún incremento. De 2007 a 2008 se da un decremento en los casos de neumonías y bronconeumonías,[4] infecciones respiratorias agudas e influenza. Por lo tanto, en ese momento se tomaron las medidas sanitarias necesarias para su contención. Pensemos positivamente, debemos de reconocer que el objetivo de controlar la propagación se alcanzó.

Algo se estaba gestando que no se identificó a tiempo. Se catalogaron los casos bajo lo conocido, sin analizar los casos e identificar o diferenciar de las otras enfermedades.

La necesidad de un análisis de los casos de defunción en al menos dos años y de morbilidad es necesario para detectar no solo el momento de inicio y los cambios o mutaciones que este virus ha presentado y continúa mutando, sino también para la identificación temprana de otras enfermedades. Por ejemplo, durante 2019 se presentaron casos de fallecimiento de personas mientras caminaban o conducían su automóvil, y podemos recordar los casos de deportistas que murieron durante los entrenamientos o encuentros deportivos. ¿Fue falta de oxígeno? ¿Fue una falla cardiaca derivada de una coagulación? En realidad no se tienen estudios al respecto.

La rutina en el otorgamiento de los servicios médicos y clasificación de información de morbilidad y de análisis en la salud pública, impiden la detección de cambios en el comportamiento de las enfermedades. En muchos temas ya sea salud, violencia, economía o cualquier otro tema del desarrollo humano la prevención es fundamental, sin embargo la capacidad de advertir queda abatida por lo urgente, por el temor a equivocarse e implementar medidas que no eran necesarias.

Pero creo que es mejor tomar las medidas necesarias con el costo político y económico que ello implique, ya que estamos sopesando el costo político y no el impacto en el bienestar de la población y, en el peor de los casos, la vida misma. Ejemplo de esto es la ausencia de un consejo de salubridad nacional, así como su correspondiente representación en las diferentes entidades, lo que permitiría contar con estadísticas confiables y la presencia de representantes médicos y académicos que piensen en la comunidad, en las personas y no en las elecciones. Por lo contrario, ante una emergencia sanitaria como la presente se ha priorizado lo político y económico sobre la necesidad de certidumbre y liderazgo en la toma de decisiones.

No podemos perder la ética, el profesionalismo ni lo moralmente correcto. Las autoridades tienen una responsabilidad social y moral con la población de mantener su bienestar.

Notas:

[1] https://www.france24.com/es/20200508-paciente-cero-covid-19-francia-diciembre-2019

[2] https://elpais.com/sociedad/2020/02/22/actualidad/1582407209_030106.html

[3] https://epidemiologia.salud.gob.mx/anuario/html/morbilidad_nacional.html

[4] Según datos del Gobierno Federal en 2007 se registraron 152,207 casos y en 2008 146,454 casos de neumonías y bronconeumonías. En infecciones respiratorias agudas de 24,636,341 (2007) a 24,120,254, (2008) y en Influenza de 390 a 166 para los mimos años. https://epidemiologia.salud.gob.mx/anuario/html/morbilidad_nacional.html

Te recomendamos también:

¿Y a dónde fue la sonrisa?

Pandemia y cambio. ¿Seremos capaces de hacerlo?

Muerte en la soledad. El abandono de la persona adulta mayor

Adicción a las redes sociales: una forma de ejercer violencia y evadir la realidad

Salud mental: por un enfoque integral con perspectiva de género

Servicio doméstico: derechos laborales y humanos