Esperanza, las flores y el confinamiento

Por María Esther Espinosa Calderón

 

¿Cuáles son nuestros sentimientos ante esta pandemia que nos sorprendió? ¿Miedo, temor, incertidumbre, desasosiego? Podríamos decir que todos esos sentimientos juntos son los que nos asaltan. Quien diga que no, mentiría.


Esperanza tiene 71 años, se le ve todos los días por varias calles de la colonia Roma vendiendo sus flores, al principio de la pandemia algunas clientas dejaron de comprarle por temor al contagio, ella no hizo cuarentena: «No me puedo encerrar si vivo al día. Si no vendo no como». Le tiene más miedo a morirse de hambre que del contagio. «Ahora es más difícil para mí que se acaben todas mis flores». Dice que vive en casa de su hijo y su nuera, tiene que cooperar con el gasto. No cuenta con la ayuda del gobierno porque no tiene acta de nacimiento. «Un abogado en mi pueblo dijo que me arreglaba los papeles y solo me sacó el dinero». Se le ve fuerte de tanto caminar, desde que adquiere su mercancía va recorriendo varias colonias. Ya es conocida por la Roma. Ya sabe cuáles son las preferidas de cada clienta o cliente.

Una vez que termina con su producto va de regreso a su casa que está en el Estado de México, toma el Metro y un colectivo. Al principio andaba sin cubrebocas, ya lo usa «para darle más confianza a las personas». Cada quince días ya sabe quiénes le comprarán para cambiar las flores ya marchitas que les dejó hace dos semanas. «Algunas ya no quieren porque les da miedo que traigan el virus, pero me ayudan con algo de dinero». Esperanza por su edad y su condición social es una persona que entra en el grupo de los vulnerables, pero sigue en pie de lucha mientras la vida o el Covid 19 se lo permitan.

El puesto de comida de Laura fue lo que hizo fuerte a la familia una vez que su marido perdió el empleo en el restaurante donde trabajaba. Era mínimo lo que ganaba, pero con eso han sobrevivido a la pandemia. «Es poca la gente que viene a llevar comida, no como antes». Le da miedo el Covid «como a cualquiera. Solo Dios sabe cuándo se acabe esto que estamos viviendo y ojalá que no nos toque».

Miedo, temor, incertidumbre lo vivimos todos y todas, en un principio se veía lejano, pero la pandemia ya está aquí desde hace meses. Las cifras asustan, cambian día con día, ya son miles tanto las y los contagiados como las y los fallecidos. Muchas personas que podían estar haciendo cuarentena en sus casas no la hicieron, desde que el gobierno lo indicó, unas y unos porque no les importó y otras y otros porque salían a buscar la forma de llevar de comer a su casa.

Sin embargo, los casos de Covid 19 ya dejaron de ser números cifras, estadísticas y noticias para convertirse en rostros de personas que conocemos, de amigos, de amigas, de familiares. Cada día hay alguien cerca que es asintomático/a (que por su misma condición y sin saberlo ya infectó a otras personas) que está en casa con síntomas, que está hospitalizado/a o ya murió en la más profunda soledad. Un virus cruel que en el peor de los casos lleva a la muerte en la más profunda soledad, sin abrazos, sin despedidas y la familia se queda con esa parte del duelo inconcluso.

¿Cuáles son nuestros sentimientos ante esta pandemia que nos sorprendió? ¿Miedo, temor, incertidumbre, desasosiego? Podríamos decir que todos esos sentimientos juntos son los que nos asaltan. Quien diga que no, mentiría. ¿Cuántas veces hemos sentido que somos presas de la enfermedad, sin tenerla? Al menos yo varias veces. Vivir así es muy difícil. El miedo al contagio cada día está presente. Esperanza y Laura lo sienten aunque ellas le tengan más miedo a morir de hambre. Ellas están en el lado de los y las desprotegidas y desamparadas económicamente. Ellas no supieron qué era el confinamiento.

Los casos de Covid 19 ya dejaron de ser números cifras, estadísticas y noticias para convertirse en rostros de personas que conocemos, de amigos, de amigas, de familiares. […] Un virus cruel que en el peor de los casos lleva a la muerte en la más profunda soledad, sin abrazos, sin despedidas y la familia se queda con esa parte del duelo inconcluso.

Gaby quien vive en Uruapan, Michoacán, comenta que ya estaba semiconfinada cuidando a su madre enferma, para ella la pandemia cortó de tajo muchos planes familiares, le causa gran tristeza, no puede ver a su hijo y su familia. Su hija que vive en Guadalajara la ha ido a ver con todas las medidas de higiene y sana distancia. Su hija la más pequeña que estudia en el Colegio de México en la CDMX está con ella, desde que empezó la cuarentena, esperando hacer su servicio social y graduarse el próximo semestre. «He tratado de estar bien informada día con día  con las instituciones de salud correspondientes a nivel local, estatal y federal y siguiendo todas las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), tanto personal como profesionalmente». Gaby es cirujana dentista.

«Claro que he sentido miedo, inseguridad y angustia. Nunca había vivido una experiencia y situación de riesgo así. Creo que ese sentimiento lo tenemos todos, es normal. La vida sigue y el riesgo de contagio no se irá. Debemos de llevar a cabo todas las recomendaciones sanitarias», señala Gaby.

Dice que cada día valora más la vida. Cree que esta pandemia vino a enseñarnos mucho espiritualmente, «tenemos que ser más empáticos con la naturaleza, vivir en armonía y saludablemente. Modificar hábitos para bien de nosotros mismos. Nunca he pensado que pude haber tenido Covid, no he sentido ningún síntoma, hasta el momento. Ojalá vivamos muchos años para contarle a nuestros nietos y solo sea un recuerdo esta experiencia».

Por su parte, Paty al principio de la cuarentena tenía miedo y temor a contagiarse, llegó a pensar que tenía el Covid porque el 15 de marzo arribó de Estados Unidos. «Cinco días después de estar en México amanecí con dolor intenso de garganta y poco de tos, en ese entonces el Dr. Hugo López Gatell decía que no salieran las personas que tuvieran síntomas. Así que estuve tomando miel y las molestias pasaron. Una semana después estaba sentada tejiendo cuando sentí un malestar, me di cuenta que no podía respirar bien. Jalaba aire y no era suficiente, me asusté. Traté de tranquilizarme y después de dos horas aproximadamente se me quitó y ya no he vuelto a tener ninguna molestia».  Paty está tranquila porque sus padres están bien. «No los he visto desde febrero, nos hablamos todos los días. Ya habrá tiempo». También le tranquiliza que dos de sus hijas están trabajando en casa. Otra de ellas sale a laborar normalmente. Lo más importante es que hasta el momento la familia se encuentra en buenas condiciones.

Elena vive en Zamora, está contenta porque su hija que reside en la CDMX se fue a pasar la cuarentena con ella. Dice que muy bien la primera semana pero la segunda ya se sintió presionada porque se acostumbró a estar sola. «La presencia de mi hija y mi esposo me puso irritable y cansada», además de que no le gustaba la forma en que le ayudaba su marido. Pero con el paso de los días ya está tranquila. No ha visto a su hijo que trabaja en Querétaro ni a su mamá, solo por videollamadas. Nunca ha sentido molestias de coronavirus.

Para Alma, la pandemia, como al presidente, Andrés Manuel López Obrador, «le cayó como anillo al dedo», porque ha logrado convivir un tiempo con su nieto Lucas y su hija Olga y ahora con Martina su nieta recién nacida y su hija Alma. Confinadas en su departamento, conociéndose en esta etapa. «Sé que a veces por estar juntas pueden surgir problemas pero nada que no se pueda solucionar. En lo económico no tan bien, mis negocios se pararon y no sé si vayan a subsistir, agradezco a Dios porque tengo lo necesario para comer, salud y a mis hijas y nietos, eso es suficiente para mí. Ánimo, todo va a cambiar, todo va a evolucionar, aprendamos a vivir en esta nueva era».

Olga, dice que todos los días cuando se despierta siente un tremendo desasosiego en el alma, ya después se le va quitando y termina el día estando bien.

Por lo pronto a tratar de vivir esta Nueva Normalidad con tranquilidad hasta que se encuentre la vacuna o algún medicamento que ayude a aliviar este terrible y traicionero virus, que va para largo.

Dina, piensa «que al principio nadie creía que fuera cierto, la gente no lo tomaba en serio y hasta el momento muchos aún con los datos que se han dado no se cuidan, a ellos los llamo irresponsables, después sentimos miedo de que algunos de tus seres queridos les diera el Covid 19 y sobre todo de qué forma los íbamos a poder ayudar. Llegó entonces la duda y la necesidad de saber acerca del virus y cómo protegernos, espero pronto haya una vacuna para poder vivir con tranquilidad. Mis hijos de 23 y 27 años que aún viven conmigo lo han tomado con respeto y siguiendo las reglas de casa, pero les cuesta mucho trabajo no poder salir a divertirse. La Nueva Normalidad será la prueba de fuego para saber si en algo ha servido la cuarentena, en cuanto a la economía es otro tema, muy duro y terrible para muchos que sin empleo han llegado a la desesperación con mucha razón».

Para Paty de Pablos, estamos viviendo un duelo global ya que todos en el mundo estamos pasando por esta pandemia. A cada uno de nosotros nos da ira, tristeza, negación de la enfermedad, miles de preguntas, son muy pocos los que  tenemos aceptación a lo que estamos viviendo.

Mientras para Rosario son sentimientos encontrados, diversas reacciones: enojo, angustia, incertidumbre, ira, tristeza. Coincide con Paty: «Somos pocos los que aceptamos esta realidad y tratamos de ocuparnos en lugar de preocuparnos. El tema es muy complejo».

Odette, señala que «el Covid 19 lo estamos viviendo con nuestros amigos y familiares, vemos cómo algunos se están muriendo, al principio me dio mucho miedo porque casi todos tenemos miedo a morir, por los apegos a la vida, pero de una u otra forma caminamos desde que nacemos a ella, así que dejé de ver noticieros y ver cifras que nada más me llevaban a una incertidumbre y nervios, porque alteran todo tu organismo físico y mental. Aunque dicen que de todas formas te vas a contagiar, yo espero que ni eso. Procuro tener precaución cuando salgo para cuidarnos todos».

«Lo que más me ha pegado es no poder ver ni abrazar a mis familiares, el vínculo de dar afecto y recibirlo es muy importante, una llamada o un zoom nunca va a ser lo mismo. La cercanía, los gestos, el lenguaje corporal, todo lo que hace que interactúes con una persona, eso está todavía muy lejano y da mucha tristeza. Tengo mucha fe en Dios que todo va a pasar y vamos a tener una vida mejor».

Mientras tanto, el lunes 29 de junio la CDMX está en semáforo naranja, paulatinamente irán abriendo empresas y negocios con ciertas restricciones. Esperemos que la gente tome conciencia y vea que esta pandemia no es un juego que ya tiene rostro de personas que conocemos o de familiares. Para Laura el panorama se ve mejor, espera tener más clientela; Esperanza con su cubrebocas (pero sin gel para limpiarse las manos) seguirá caminando -a pesar de que en algún momento se pueda contagiar- por las calles de la colonia Roma esperando que regresen sus clientes y clientas que dejaron de comprarle sus flores y que la esperanza, como su nombre, nos lleve a un mundo sin pandemia, lo más pronto posible.

Seguiremos con el miedo y la incertidumbre de si nos contagiaremos, que si seremos asintomáticos/as, que si nos dará el Covid 19 leve, o seremos de los o las que tendremos la enfermedad grave. Si nos curaremos en casa o iremos a parar en un hospital, o seremos de los afortunados o afortunadas que no nos enfermaremos, por lo pronto a tratar de vivir esta Nueva Normalidad con tranquilidad hasta que se encuentre la vacuna o algún medicamento que ayude a aliviar este terrible y traicionero virus, que va para largo.

 

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