#NosotrasYAdecidimos: por la despenalización del aborto en Quintana Roo

Por Aura Sabina

 

La maternidad no debe ser obligatoria; no se limita a los nueve meses de gestación: acompaña toda la vida, y debiera ser gozosa, al menos la mitad del tiempo, pero, por sobre todas las cosas, elegida.


Las mujeres siempre hemos abortado, y seguiremos haciéndolo, con leyes o sin leyes; no obstante, seguiremos luchando hasta que esté despenalizado, legalizado y descriminalizado.

Esa gente llamada provida no es más que antiderechos, que con dar un mísero donativo a alguna fundación “bien establecida” (usualmente, envuelta en corruptelas) lava su culpa, que sería incapaz de adoptar porque “quién sabe con qué mañas vengan” o porque “¿Y si sale prietito?”, pero cómo friegan con el derecho a la vida, como si al nacer cada ser humano trajera resuelto el sustento y la provisión de cuidados y cariños mínimos para siquiera sobrevivir, pero que machaca todo el tiempo con que hay que salvar las dos vidas (cosa de la que no tienen ni siquiera idea).

Hablar de despenalización del aborto en México sigue siendo un tema espinoso: al parecer, nuestro sistema de justicia sigue siendo antimujeres, pese a que la NOM 46 establece que toda mujer puede interrumpir su embarazo en caso de sufrir violencia sexual (que no es poca en este país) y que la ONU reconoce que obligar a una mujer (o a una niña) a parir es tortura (2016). Es increíble que solamente en dos entidades federativas sea posible acceder a un derecho fundamental sobre el propio cuerpo.

Pero más allá de leyes, está la realidad: aun cuando en el estado de Quintana Roo es posible abortar por violación, el sistema de justicia es ineficiente en cuanto a sus tiempos de impartición, a tal grado de que muchas mujeres que, después de haber sido victimizadas por haber sufrido violencia sexual, encima han tenido que parir porque para cuando se tuvo la resolución, es decir, el derecho a abortar sin ir a la cárcel, había concluido dadas las semanas de gestación.

Recordemos las escandalosas cifras de trata de personas, embarazo infantil, turismo sexual (basado en la vejación de todos los derechos de las mujeres prostituidas), situación que crece vertiginosamente a medida que el turismo masivo sigue dando de comer al 80% de la entidad, aunado a los usos y costumbres que naturalizan que las niñas, cuando su madre muere o se va de casa, sean violadas por sus padres y que además tengan que atenderlos.

¿Qué pasa con el movimiento feminista en Quintana Roo? Crece, crece como la marea turquesa en luna llena, y esa luna llena es la rabia de miles de mujeres sujetas, por la corporalidad y el género, a múltiples violencias.

Hay que sumar la situación de las migrantes en la entidad, con un grado de vulnerabilidad muy alto y que en su paso (transitorio o permanente) muy probablemente resulten agredidas. Imaginar todos los embarazos no deseados en medio de estas situaciones es angustiante. Muchas mujeres mueren en el intento por abortar por sus propios medios, sin compañía ni medicación adecuada. Algunas, por fortuna, lo hacen en casa, con el apoyo de acompañantes sororas que van a casa o lo hacen a distancia, pero estás ahí. Otras, muchas menos, viajan a la Ciudad de México a practicarse el aborto. Una vez más, el sesgo de clase perjudica a las más desprotegidas.

Pero incluso con los recursos económicos y sociales, cualquier mujer debiera tener el derecho de elegir. La maternidad no debe ser obligatoria. Muchas personas tienen pletórica la boca con discursos prefabricados y sin razonamiento acerca del instinto materno, la idealización de la crianza, la consolidación del matrimonio, la completud de las mujeres… Sin saber que nos hierve la sangre cada vez que alguien  quiere opinar sobre nuestros cuerpos, nuestras vidas. La maternidad no se limita a los nueve meses de gestación: acompaña toda la vida, y debiera ser gozosa, al menos la mitad del tiempo, pero, por sobre todas las cosas, elegida.

¿Qué pasa con el movimiento feminista en Quintana Roo? Crece, crece como la marea turquesa en luna llena, y esa luna llena es la rabia de miles de mujeres sujetas, por la corporalidad y el género, a múltiples violencias: acoso callejero, abuso y violación sexual, violencia doméstica, feminicidios (las cifras oficiales representan apenas un tercio de las mujeres asesinadas por razones de género, según el reporte de María Salguero [2018]), y disparidad de género en los centros laborales (en dos años pude ver crecer las movilizaciones: de ser 15 o 20 mujeres manifestándose, en un pañuelazo verde y difusión de información, a la gran manifestación del 8 de marzo de este año, que se tradujo en miles, miles de mujeres en las avenidas principales de Cancún  y Chetumal y, a menor escala, en otros municipios). El movimiento articulado de las mujeres es más o menos reciente. Muy probablemente no todas sean feministas ni tengan la intención de serlo, pero al menos por ahora se sabe que solamente juntas se reducirían los riesgos del sistema patriarcal opresor.

Parte de la agenda legislativa de este año ha sido la despenalización del aborto en la entidad por, entre otras, la iniciativa de la diputada Ana Pamplona, la cual es muy completa porque implica a las comisiones de Justicia y Salud: que las mujeres tengan el legítimo derecho a decidir sobre su cuerpo e interrumpir su embarazo bajo cualquier circunstancia, y que esto no tenga consecuencias penales. Ante esto, por supuesto, hay personas antiderechos que están en las curules locales.

Por este motivo, Yuri Martínez, integrante de Derecho, Autonomía, Sexualidades, A.C., propuso a su asociación hacer un documental para sensibilizar, en primera instancia a la sociedad quintanarroense, y por otro, animar a quienes legislan o toman decisiones importantes a apoyar el derecho a decidir de las mujeres.  A lo largo de este rodaje se entrevistaron a parteras, médicas, diputadas (y un diputado), mujeres que habían estado en situación de aborto, acompañantes sororas, funcionarias públicas y activistas de diversas organizaciones como DAS, Gobernanza, Marea Verde, Siempre Unidas, DDSer y otras expertas en materia de salud pública, educación y leyes porque el feminismo tiene, por fortuna, muchas militantes.

Quien esto escribe comparte con orgullo que ha participado en la producción de este mediometraje  Nosotras YA decidimos que se estrenará el 28 de septiembre en el Malecón de Tajamar, en Cancún, Quintana Roo, y estará disponible para su difusión digital, así como la página donde se podrán consultar las entrevistas.

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