2020 Columnas Edición Septiembre'20 Elvira Hernández Carballido 

Mujeres de Primera Plana, recuperando a las primeras reporteras en México

Por Elvira Hernández Carballido


Un recorrido a la vida y trayectoria de María Luisa Ross, Magdalena Mondragón, Esperanza Velázquez Bringas y Elvira Vargas, así como a la tenacidad de hacer suya la noticia.


Nosotros llegamos primero al periodismo, nosotras un poco después; nosotros siempre hemos construido la realidad social, nosotras empezamos periodísticamente a describirnos a nosotras mismas; nosotros perseguimos la noticia desde el siglo XIX, nosotras tuvimos que conquistar ese derecho; nosotros hacemos periodismo, nosotras también… En efecto, las mujeres mexicanas ganaron esa pasión de ser reporteras y lo hicieron con cuatro excelentes pioneras: María Luisa Ross, Magdalena Mondragón, Esperanza Velázquez Bringas y Elvira Vargas. En este libro se hace un recorrido a su vida, su trayectoria, así como a la tenacidad de hacer suya la noticia. Son mujeres de Primera Plana.  Como autora, hago visible a estas pioneras del periodismo informativo en México.

La obra, publicada por editorial Elementum presenta un contexto que ubica a las mujeres en el periodismo nacional. Las pioneras que fundaron sus propias publicaciones para poder ejercer el periodismo y así dieron a conocer semanarios como El álbum de la mujer y Violetas del Anáhuac, a finales del siglo XIX. Después, la herencia periodística fue retomada por el periódico La mujer mexicana y La mujer moderna. Pero, todas ellas ejercían un periodismo de opinión, no trabajaban con la noticia. La reflexión de Fortino Ibarra, en su libro Periodismo en México, de 1934, permite atisbar esa tardía llegada a las salas de redacción:

Llegan ellas a los diarios con muchos bríos y entusiasmo, llena la cabeza de castillos en el aire y bien pronto se decepcionan. Las intransigentes sufren tal desencanto, que se retiran definitivamente y se hunden en la vida del hogar sin que se les vuelva a ver por ningún periódico, se van como espantadas de lo que han presenciado. Las que se quedan es obedeciendo a su espíritu de luchadoras y tal vez porque necesiten del sueldo; pero al poco tiempo se percatan de que es preferible que sus nombres no suenen y su entusiasmo del principio se trueca para dejarse llevar por la corriente rutinaria; se convencen de que es mejor no despertar alarmas o envidias. Muy pocas son las que resisten los embates y se forman una personalidad.

Así, debido al ambiente de competencia que se vive en la sala de redacción muchas de ellas evitaban estar presentes en el citado espacio, preferían enviar sus textos, no arriesgar, no enfrentarse, no competir. Pero, la vocación, el carácter y las condiciones sociales de la época permitieron que algunas invadieran los espacios periodísticos con total seguridad.

En El Universal, Esperanza Velásquez Bringas, editora responsable de la página infantil, más tarde fue una colaboradora constante que se distinguió de sus contemporáneas porque además de redactar artículos y ensayos empezó a entrevistar personajes. Se convirtió en precursora de dicho género periodístico:

Durante mis épocas de diarismo intenso, yo gusté de acercarme lo mismo al pensador ilustre, que al concertista; a la gran actriz y al farandulero que pasa. Pues en la unidad social todas las vidas son sagradas, desde las de más altos ideales hasta las más humildes o aparentemente absurdas. Por distintos caminos, cada quien sigue en su pequeño mundo, el círculo del infinito. Así, todos mis entrevistados fueron para mí motivo de observación, puesto que los traté en la realidad de la vida misma; fuera del ambiente en que el público los veía moverse. Sus pensamientos íntimos, sus ensueños, sus triunfos y sus fracasos, me fueron revelados en sus amenas pláticas.

Hubo otra periodista a quien don Jesús Silva Herzog la llamó nuestra primera mujer periodista en el sentido auténtico del vocablo. María Luisa “China” Mendoza la calificó como una muchacha atrevida, periodista entre los periodistas. Martha Robles consideró que ella fue una precursora del periodismo femenino en México. Su nombre fue Elvira Vargas. En un reportaje dio a conocer la manera en que se le quiso atemorizar y las exigencias externadas por parte de los dueños de las empresas para que se retractara de sus reportajes anteriores, pues a juicio de ellos la reportera había falseado y exagerado sus datos. Al reproducir el diálogo sostenido con uno de los empresarios el carácter y el compromiso periodístico de Elvira Vargas quedaron al descubierto:

-Señorita Vargas, me dijo, sacando aquella copia que yo ya conocía, usted ha dicho todas estas mentiras en El Nacional de hoy.

-No me diga… respondí como sorprendida, a ver, enséñeme.

-Sí, siéntese usted, vamos viendo punto por punto, porque usted tiene que rectificar.

Eran ocho o diez puntos, todos del mismo tenor: que no es cierto que los obreros vivan en chozas, que no es cierto que hay fangos y basura, que no es cierto esto y lo otro y todo; y que en honor de la verdad la reportera escriba desmintiendo su artículo en todas sus partes.

-Bueno, le dije, ¿qué es en concreto lo que quiere usted?

-Pues que rectifique en el acto. Allí está el teléfono, puede usarlo.

-No para eso, señor Long. Ni una sola palabra rectifico. ¿Cree usted que yo estoy jugando?

-Es que, interrumpió, si usted escribiera de otro modo, la compañía se daría por bien servida.

-Pues, dije levantándome, diga a su compañía que puede darse por mal servida.

La vocación, el carácter y las condiciones sociales de la época permitieron que algunas invadieran los espacios periodísticos con total seguridad.

A la par brilló junto a ella Magdalena Mondragón, llegó a la ciudad de México y entró al periódico La Prensa. Le fue asignada la fuente relacionada a casos tratados por la policía, lo que la convirtió en la primera mexicana en cubrir ese tipo de información. Pese a dedicarse varios años a la nota roja, a mi juicio el trabajo periodístico de Magdalena Mondragón destacó más por su malicia para informar y comentar en torno a la política nacional. Su ironía y sentido del humor hicieron que su estilo fuera muy diferente al de sus colegas, tanto hombres como mujeres, y le dieran un tono distinto a sus columnas, el género periodístico que más practicó. En 1939 dio a conocer “La política en Solfa”, al año siguiente “Más allá de las fronteras” y en el lapso de 1940-1941 “Los políticos en broma”. Las entrevistas que hizo a los hombres poderosos de México se caracterizaron por la manera incisiva de preguntar y de buscar el debate con el personaje entrevistado:

Cuando le comento al presidente mi charla con el señor Calles y su advertencia de que “por sus pistolas” volvería a México, Cárdenas sonriendo levemente, agregó: “La ley de amnistía fue para todos los exiliados y no habría razón en impedir que el ex general Calles vuelva al país cuando guste. Las puertas de México están abiertas; él puede volver cuando quiera.

Aprovechando su disponibilidad, le preguntamos ahora sobre otro asunto tratado también con Valles respecto a que el actual gobierno comenzaba muchas obras y nunca las concluía y nos contestó:

                             -Se conoce que el ex general vive lejos de México.

Como no se veía molesto, seguí aprovechando haciéndole más preguntas e insistimos en que nos contestara una, entonces manifestó:

-Calles, según ha declarado él mismo, está muerto, por lo tanto, yo no puedo comentar, discutir o elogiar a un cadáver, ya que los muertos lo menos que merecen de los que aún vivimos, es que guardemos silencio.

Finalmente, la cuarta reportera recuperada es la hidalguense María Luisa Ross, colaboró, a principios del siglo XX, en varias publicaciones, entre ellas El Universal, fue de ahí que pasó al suplemento cultural El Universal Ilustrado, donde empezó a reportear, haciendo crónicas y entrevistas. En 1918 entrevistó a Esperanza Iris, esta conversación permite confirmar que una mujer mexicana toma entre sus manos un género periodístico informativo para explorarlo y desarrollarlo a su manera. Ross describe, detalla en la entrevistada para imaginarla, tal vez para sentirla cerca, para no verla como una alejada y fría diva del momento. La descripción humaniza a la protagonista de esa charla:

Brillan los ojitos traviesos de la artista como celebrando que el sueño no haya tenido poder en esta ocasión para encerrarlos del todo bajo las persianas ligeras de los párpados, y se empapan en la luz dorada de la mañana que prende hebras temblorosas en los visillos del encaje.

En efecto, Esperanza está visiblemente nerviosa, aunque procura disimularlo y me prodiga las finas atenciones que sabe dispensar toda mujer de sociedad a las personas que la visitan por primera vez.

Me cuenta algunas de sus primeras emociones de arte, aunque procura disimularlo y me prodiga las finas atenciones que sabe dispensar toda mujer de sociedad a las personas que la visitan por primera vez.

Me cuenta algunas de sus primeras emociones de arte, recordando con fruición el rinconcillo amable de la tierra natal. Mi curiosidad de periodista y de mujer la hace evocar diversas etapas de su vida, sobre todo sus viajes, y la oigo hablar con cariño, con intenso y acendrado cariño de Cuba.

Sin duda alguna, las cuatro reporteras representan un capítulo importante en la historia de la prensa nacional. Ellas son las primeras que dejan el mundo interior para tratar de informar sobre el mundo exterior. A partir de entonces su autonomía textual se fortalece al ampliar sus temas, agilizar su lenguaje y llegar a un público más general y abierto. Por ello, vale la pena leer Mujeres de Primera Plana. Las primeras reporteras mexicanas. Puede solicitarse por correo electrónica y se envía a domicilio: editorialelementum[arroba]gmail.com.

Hernández Carballido, Elvira (2020). Mujeres de Primera Plana. Las primeras reporteras mexicanas. México: Elementum.

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