Mujer en papel

Por Lucía Rivadeneyra


Rita Macedo siempre fue una mujer auténtica que fue de papel en papel, como se acostumbra decir en el mundo de la actuación, pero la vida le asignó muchos no sólo malos sino difíciles. Este libro es la autobiografía de Rita Macedo, con la recopilación y edición de Cecilia Fuentes, su hija.


Para Elsa Lever, quien fundó este espacio hace XV años.

Un libro hecho entre dos mujeres. Un relato testimonial de muchas historias, en donde la muy difícil relación madre-hija está presente de diversas maneras, así como el abandono, la represión, la explotación, el amor, el desamor, la traición, el trabajo, la maternidad, el arte y la lealtad. Mujer en papel. Memorias inconclusas de Rita Macedo, con la recopilación y edición de Cecilia Fuentes, su hija.

Una autobiografía que demuestra que la vida real es una puesta en escena improvisada segundo a segundo y que la literatura, la pantalla cinematográfica o el foro son lo que colabora a sobrellevar la vorágine del día a día, en donde se cuelan todas las pasiones, sin ensayos, técnicas, hipótesis ni metodología. Sólo que cuando lo vivimos, no lo sabemos. Y para esto uno nunca está preparado.

La frescura del texto es reflejo de la frescura de Cecilia Fuentes. Si no fuera por ella, costaría trabajo leer la historia personal de la actriz Rita Macedo. Es imposible no apreciar su capacidad de organizar unas memorias en las que está directamente involucrada. Cecilia se advierte auténtica, yo creo que lo es, y como todos -unos más, otros menos- trae cargando muchos costales con fragmentos de vida que no siempre han sido fáciles. Pocas personas se atreven a contarlos y muy pocas a publicarlos.

Debe ser muy complicado ser hija o hijo de una actriz dirigida en el celuloide por Luis Buñuel, Julio Bracho, Emilio Fernández, Roberto Gavaldón, Arturo Ripstein… y en teatro por José Luis Ibáñez, Jaime García Terrés, Juan José Gurrola… independientemente de sus trabajos en televisión. Y más complicado aún si se es hija del escritor multipremiado y reconocido internacionalmente, Carlos Fuentes.

Una autobiografía que demuestra que la vida real es una puesta en escena improvisada segundo a segundo y que la literatura, la pantalla cinematográfica o el foro son lo que colabora a sobrellevar la vorágine del día a día…

De la muy sui generis relación de Rita Macedo y Carlos Fuentes nace Cecilia, quien tiene medios hermanos por parte de su madre y de su padre, viajes, unos abuelos muy presentes, contrastes entre una educación rígida y una apapachadora; diferentes escuelas, afectos y empleos, todo eso hace que cada vez que le preguntan qué se siente ser hija de estos personajes, ella conteste: yo no me daba cuenta, eran mis papás y ya.

“Má, aquí va… Tu historia, tu orgullo… Te lo debía… Te lo mereces. Y que pase lo que pase”, dice en la Introducción. Y sí, ha pasado y mucho: la primera edición, se agotó; la segunda de 5 mil ejemplares, también; la tercera ya no se consigue; por estos días, está a punto de salir la cuarta. Cecilia tuvo que esperar alrededor de 20 años para retomar las incontables cuartillas que dejó al aire Rita Macedo, pues decidió suicidarse el 6 de diciembre de 1993, cuando tenía 68 de edad. Y otros tantos años pasaron para organizar lo que había y buscar lo que faltaba para poder redondear. Sobre todo a partir de la etapa de la ruptura de sus padres hasta la muerte de la artista. El resultado es una investigación que alcanza más de 350 páginas que se leen con interés y sin tropiezo. El libro tiene un plus, incontables fotografías de familia y de épocas únicas en la historia cultural de México, algunas verdaderamente hermosas de la actriz y de sus hijos/as.

Escribe Rita: “Trabajé en el cine junto a Armendáriz, Infante y la Félix. Me dirigieron los mejores, Buñuel, Bracho, el indio. Vestí a princesas y duquesas con mis diseños de alta costura. Me fotografiaron los grandes, como Figueroa. Gané concursos de belleza e intenté hacerme de un nombre en Hollywood.

“Fui esposa frustrada y madre desconsiderada, esposa enamorada y madre cariñosa, mujer liberal y mujer abandonada. Reinventé el teatro en México y colaboré en la realización de algunas de las telenovelas juveniles más populares de nuestro país.

“Me comporté como fiera agresiva ante personalidades intocables, e hice fortuna recibiendo de amantes adinerados. Viví en más países y ciudades de los que puedo recordar y me codeé con los intelectuales más destacados del mundo de entonces y de ahora. Viví una infancia miserable, y me fui de este mundo bajo mis términos. Como todo lo que hice siempre. Esta soy yo Rita o Conchita. Como gusten. Bienvenidos a mi mundo, a mis experiencias”.

Mucho que reconocerle a Cecilia Fuentes por este trabajo porque el libro no sólo es un panorama de una época llena de nostalgia por un México irrepetible; también es una historia sin tapujos que seguramente aún altera a más de alguno…

Mucho que reconocerle a Cecilia Fuentes por este trabajo porque el libro no sólo es un panorama de una época llena de nostalgia por un México irrepetible; también es una historia sin tapujos que seguramente aún altera a más de alguno, pues a pesar de haber llegado a la tercera década del siglo XXI hay mucha gente llena de prejuicios y con una doble moral que aflora a la menor provocación. Cecilia, como dice un refrán, “no tiene pelos en la lengua”.

En las ya muchas entrevistas que le han realizado se muestra como supongo que es, espontánea, con sentido del humor, se burla de los pudores ajenos; no entiende el porqué la gente vive pendiente del qué dirán. Publica el libro en una sociedad en la que hay diversos sentires. Si hoy en día más de alguno o alguna se atreve a juzgar la vida de Rita, no me imagino qué diría la gente en los años 50 o 60, empezando por la suegra Bertha Macías, madre de Carlos, que la llegó a insultar abiertamente.

Con mucho en contra, Cecilia Fuentes logró editar esta historia que conmueve y, por momentos, enoja. Por otro lado, no logró la autorización de la viuda de su padre para poder publicar las cartas que él le envió a Rita mientras estuvieron casados. Otros no quisieron ser entrevistados. La autora agradece al final del libro: “A los que estuvieron a mi lado cuando la perdí a ella…cuando perdí a papá”, pero dice “NO GRACIAS a  Los dizque amigos que abandonaron a mamá cuando papá hizo puff y los cobardes que me dijeron ‘A mí no me preguntes nada. No quiero problemas con la güerita’”. Es curioso, mientras hay una mujer que desea que la memoria de su marido quede impoluta como si hubiera sido un hombre perfecto, la hija lo muestra como un ser humano, como un hombre que era escritor y que era su padre.

Rita Macedo siempre fue una mujer auténtica que fue de papel en papel, como se acostumbra decir sobre las actividades de las actrices y los actores. Rita Macedo obtuvo buenos papeles, pero la vida le asignó muchos no sólo malos sino difíciles. Ahora, con este libro no hay duda que esa vida tormentosa quedó plasmada en Mujer en papel, una autobiografía que nos ha permitido meternos no sólo a la casa de Rita, sino a la los internados en donde creció, a la sala, a la recámara, al comedor y al coche en el que se quitó la vida.

Gracias otra vez, Cecilia, por tu frescura y por recordarnos que, como decía Juan Rulfo, “la vida no es muy seria en sus cosas”.

Fuentes, Cecilia. Mujer en papel. Memorias inconclusas de Rita Macedo. Recopilación y edición de Cecilia Fuentes, (2020). Trilce ediciones. México. 375 pp.

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